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¿Guardia nacional?
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 26 de junio de 2005

Durante este año ha madurado entre esferas gubernamentales y paragubernamentales una discusión sobre cómo abrazar el desafío de la seguridad pública.

Durante este año ha madurado entre esferas gubernamentales y paragubernamentales una discusión sobre cómo abrazar el desafío de la seguridad pública. Es un debate que, hasta donde alcanzo a ver, no ha trascendido al público, especialmente su fórmula propositiva: crear una suerte de guardia nacional.

La propuesta comenzó a especularse en los medios a fines de marzo, tras la visita del secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld. Supuestamente, esa es la fórmula que Washington promovería en países como el nuestro (cercanos a la descripción de “Estado fallido”) para montar confiables cinturones de seguridad en las áreas que más le preocupan: terrorismo, narcotráfico, trata de personas, migrantes. Pero la especulación nunca tomó forma de noticia.

Por lo que implica para la seguridad, el poder y la democracia en el país, bien valdría la pena debatir abiertamente la idea. Al parecer es en el Consejo Asesor de Seguridad (CAS) donde se ha desarrollado el punto y se ha compartido con el Ministerio de Gobernación, que lo habría visto con simpatía.

Mucho se ha dicho sobre el Ejército y su rol en los últimos 50 años: fallas, desbordes, abusos, corrupción y violaciones de los derechos humanos. Pero hasta ahora, tanto en los Acuerdos de Paz como en el debate que resumen los documentos de Política de Defensa y de Doctrina Militar, el consenso dibuja una reingeniería basada en la reforma educativa y la reorientación de la fuerza militar y su equipamiento hacia el campo de la defensa en el entorno de las nuevas amenazas a la seguridad global. Se entendió, como contrapartida, que la Policía civil se encargaría de la seguridad pública.

El diseño no ha resultado. Operativamente continúan las fuerzas combinadas, pero su eficacia es decreciente. La Policía no se profesionalizó en estos casi diez años de reforma y a su bajo rendimiento acompaña terribles infecciones (corrupción, abusos, violaciones de derechos humanos, limpieza social). En todo caso, los mandos de Gobernación buscan expandir los dominios del cuerpo policial -antes de curarlo- hacia los tradicionales cotos militares. Eso ha creado fricciones que, eventualmente, podrían despertarle chispas al presidente Berger.

Ahora, ¿cuál sería el concepto de una guardia nacional? En algunos países se ensayó como una suerte de policía militarizada, aunque evolucionó. En otros se constituyó como un aparato único de seguridad abocado a la seguridad pública, aunque con funciones teóricas de defensa que, en la práctica, eran delegadas a ejércitos extranjeros aliados. En Guatemala, ¿a partir de qué se puede constituir una guardia nacional?, ¿fundiendo Ejército y Policía?, ¿creando un tercer aparato? Y a todo esto, ¿cómo queda el tema de la concentración de poder, que es el riesgo mayor para la democracia? Lo cierto es que si el tema está en la cartera oficial debe salir a luz y tratarse ampliamente. Son demasiadas cosas -por no decir riesgos- que entran en juego como para no dedicarle la debida atención.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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