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Consecuencias de no renunciar al “capitalismo de amiguetes”
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 31 de julio de 2005

¿Cómo se evalúa a un gobierno? Para los especialistas, una forma es comparar su programa por áreas con los progresos observables.

Allí entran en juego liderazgos y capacidades institucionales. Otra manera, común entre la gente, es cómo se perciben tres indicadores que interesan en la vida diaria: 1. oferta de empleo y niveles de precios, 2. control del delito y la violencia criminal, y 3. capacidad de dotación de servicios básicos. Suele haber en esta evaluación un componente negativo para todos los gobiernos -la corrupción- cuyo peso en la percepción depende del grado de satisfacción o insatisfacción entre los segmentos de la población.

La calificación -sea que se mida por encuestas, se escuche en la programación radial de micrófono abierto o se converse entre vecinos, amigos y colegas- ha resultado decepcionante para este gobierno. Desde luego que en la opinión negativa no deja de haber alguna injusticia, pues suele achacársele culpas en asuntos en que no tiene injerencia. En realidad son factores que juegan en diferentes bandos; por ejemplo, alza del petróleo, o bien, mejores precios del café y el banano, o las restricciones en EE.UU. al ingreso de capitales y la descomunal inyección de dólares que ese país le está aplicando al resto del mundo para cubrir su déficit fiscal.

No obstante, en este caso, el margen de maniobra interno tiene aún mucho peso. El presupuesto público es un instrumento con poder de demanda de bienes y servicios privados, y cierta oferta de empleo, que se ha usado conservadoramente. Los depósitos del gobierno siguen por encima de lo programado. El FMI está contento con el bajo déficit fiscal y, en el corto plazo, no tiene sentido hablar de aumento de ingresos fiscales. Por otro lado, la confianza del sector privado en la administración actual no se ha traducido en inversión notable. En 2004 crecimos muy por debajo del resto de países de la región, y este año, aunque el crecimiento va a mejorar será insuficiente “rebalsar” los beneficios a la gente. De ahí que un patrón económico como el nuestro siempre grite donde es más sensible: la escasa oferta de empleo y la inflación.

Además, la gestión de la seguridad pública ha creado más problemas de los que ha podido resolver. Me refiero a la limpieza social y la consiguiente pérdida de control sobre mandos policiales asociados al crimen. Entre tanto, otros órganos encargados de la persecución del delito han resultado sobornablemente ineficaces. Pero no solo es la gente local la que resiente esas falencias, también los socios internacionales, y de manera crítica, me parece, EE.UU.

¿Qué sí pudo haber hecho el gobierno? Bajo un liderazgo unificado acordar con los accionistas de las grandes corporaciones una reforma económica que les permitiese seguir ganando a ellos, abriendo oportunidades de negocios a otros empresarios, incluyendo a quienes no tienen derecho de picaporte en Casa Presidencial y los despachos ministeriales. Eso no implicaba revolución ni afrenta, solo la renuncia -digna de un estadista- al “capitalismo de amiguetes”. Por lo demás, lo que se salva como gestión tecnocrática en el gobierno es la SAT, Finanzas, Educación y la Secretaría Agraria.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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