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Observando el vuelo
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 11 de agosto de 2005

Habría que discutir, sin sesgo ideológico, la oferta de Hugo Chávez.

Los precios del petróleo se han multiplicado por tres en menos de dos años, pero nadie habla de un shock petrolero como en 1973-4. Ni siquiera está encendida la alarma como en 1990-91, cuando la crisis del Golfo. Puede ser que se deba a que las cotizaciones del crudo obedecen a un puro comportamiento de mercado, estimulado por una alta demanda de China Continental. No son crisis políticas o militares (a pesar de Irak), ni demandas de los países productores de la OPEP, que controlan casi la mitad de la oferta petrolera.

Por otro lado, el peso relativo de las industrias en las grandes economías, ha declinado a favor de los servicios; quizá por eso los aparatos productivos no crujen. Además la abundancia de dólares en el mundo ha menoscabado su valor en muchas economías, lo cual amortigua el alza del crudo, que está cotizado en esa moneda. Finalmente, está creciendo -y esa tendencia seguirá en los próximos años- el ritmo de la demanda de gas natural como opción de energía en EE.UU., China, Europa, India y Canadá.

De todos modos prevalece el criterio de que la era del petróleo barato ya terminó y, como todo recurso no renovable, la curva de explotación en los próximos 30 años ya no tendrá el ritmo ascendente conocido hasta ahora. Aun cuando se pongan en marcha grandes proyectos en zonas aún no explotadas, globalmente la apuesta energética ya no está centrada en el crudo. En lo inmediato es el gas natural la alternativa, en tanto los países que han realizado investigaciones en energía renovable -además, no contaminante- deciden producirla a escala y con precios accesibles. El peso de la energía hidráulica no es significativo, pero sin duda tendrá su lugar en el menú energético del siglo XXI.

Todo esto viene a cuento porque en Guatemala el debate sobre las opciones energéticas y el impacto de la dependencia del petróleo ha quedado bastante concentrado en la controversia de las consultas populares y sólo, hasta hace poco, ha resurgido el tema de las onerosas tarifas para los usuarios de energía eléctrica, junto con el subsidio que decidió dar el gobierno a quienes se los había quitado hace unos meses.

En la búsqueda de opciones habrá que resolver la controversia del carácter público, privado o mixto de las inversiones, que es, me parece, lo que está en el fondo de la renuencia de las comunidades a las iniciativas privadas en hidroeléctricas y petróleo. Deberá redefinirse una estrategia nacional sobre la explotación y procesamiento del crudo, pues lo que está caminando no parece tener mucho futuro; ni siquiera la eventual refinería en el oriente del país, considerando sus dos precedentes fallidos. Y en ese abanico habría que discutir -más allá de ideologías- los términos de la propuesta de petróleo barato de Hugo Chávez, y que varios gobiernos del Caribe han asumido como ventajosa. El impacto del alza petrolera en la inflación interna, hasta ahora, no ha sido determinante, como se afirma, pero seguirá pesando cada vez más. Y no se trata de que sólo nos quedemos observando cómo los precios vuelan. La definición de la estrategia nacional de energía no debe perder sus dimensiones básicas: la económica y su sostenibilidad, y la de gobernabilidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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