Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Ciudad del pánico
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 21 de agosto de 2005

La política se concentra, principalmente, en las ciudades. Y las ciudades están desplazando a los Estados nacionales como ejes de poder.

Por tanto, en la división clásica entre policías que cuidan las ciudades y ejércitos que resguardan los territorios nacionales o salen a la conquista de otras fronteras, hay una discontinuidad. Los ejércitos entran en decadencia y se asimilan a las policías, o asumen sus labores.

Como en el concepto original de las polis griegas, los ciudadanos actuales asumen también roles de policías. Las ciudades crecen desorbitadamente. Donde ayer había árboles, hoy emergieron gigantescos centros comerciales. Los campos donde los muchachos salían a jugar fútbol, de pronto se volvieron claustros que contienen condominios y otras ciudadelas autoabastecidas.

El espacio citadino sufre un repoblamiento a una velocidad inusitada. Rostros desconocidos aparecen cada día en los cafés, en las salas de cines. El volumen de los flujos migratorios nos vuelve, otra vez, más nómadas que sedentarios. Los medios de transporte conceden una tremenda capacidad de movilidad, y los medios de comunicación permiten estar a una persona virtualmente en varios lados a la vez, más allá de lo que indiquen sus documentos de identificación y los catastros.

Y en esa ciudad de extraños la desconfianza crece. Todo sujeto desconocido es un potencial enemigo. Ni siquiera se sabe la condición real del individuo que porta el uniforme de policía. Puede ser un símbolo del orden o de la delincuencia. Hay un relanzamiento de los miedos que se vivieron durante las guerras civiles, aunque se notan diferencias. George Orwell relata en su célebre novela 1984, aquella condición de censura de los ciudadanos a través del Ministerio de Información, en el que trabaja su personaje Winston Smith.

Sin embargo, después de la Guerra Fría vino una época de conquistas de libertades públicas, entre ellas de expresión e información. El miedo en las ciudades se vive entonces en una sobreabundancia de información. Ahora es muy difícil ocultar información, pero resulta a la vez poco probable que una revelación (que no es accidental) provoque un despertar de conciencias. La información ya no es un símbolo de libertad porque su invasión nos impide ver la realidad y termina ahogándonos.

Quien mejor ha captado esa realidad de la vida en las metrópolis es el filósofo francés Paul Virilio en su reciente libro Ville panique. Él dice que hemos pasado del miedo al pánico. De Estados militares a ciudades policiales. Por eso sustituye el mítico aparato de “información” orwelliano por otro que le llama el Ministerio del Miedo (como el título de la novela de Graham Greene de 1943). Su tesis es que pasamos de la democracia representativa, a la democracia de la opinión uniforme (manejada por los medios), a la democracia de la emoción. Son emociones sincronizadas. Y sostiene que por eso las ciudades se han convertido en el teatro de operaciones favorito de los terroristas. Claro, todo eso tiene consecuencias políticas. Una catástrofe -un atentado o un accidente mayor- puede llevar a un cambio de gobierno o a una crisis prolongada de régimen. Lo que antes se lograba por medio de guerras y revoluciones, ahora ocurre por revelaciones, atentados o accidentes. Son fenómenos sobre los que hay que trabajar mucho para comprenderlos y, desde luego, combatirlos, dice Virilio.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.