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La política anticrisis
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 8 de septiembre de 2005

Son medidas para tratar de capear el temporal.

Los equipos de gobierno de la región han empleado varias jornadas tratando de encontrar una combinación de disposiciones que al final no sean dolorosas para sus poblaciones ante el alza del petróleo y sus derivados. La mayoría ha aceptado subidas de precios de los combustibles -que en nuestros países operan muchas veces casi por adelantado- buscando, por otra parte, amortiguarlas mediante subsidios.

Los gobiernos temen brotes de protestas populares, paros de los transportistas y aumentos desorbitados de precios que saquen de quicio la estabilidad económica, comprometan el crecimiento y activen demandas de aumentos salariales. Pero las políticas anticrisis resultan ser de acomodamiento. No quieren molestar a nadie: ni a los distribuidores de gasolinas, ni a quienes transportan personas y mercaderías, ni a los consumidores ni a los productores. El paliativo sale, desde luego, del fisco.

En el caso de Guatemala la erogación fiscal no se traducirá en un hoyo tan incómodo, dado que la capacidad de gasto público sigue siendo restringida. Además, la ministra de Finanzas opera como toda buena administradora: no autoriza desembolsos hasta que no le demuestran que los anteriores fueron ejecutados. Sin embargo, en conjunto, son medidas para tratar de capear el temporal, un temporal poblado de incertidumbres que no tiene caminos visibles de retorno. Hasta ahora la crisis de precios del petróleo no se ha convertido en shock porque el dinero está barato y las economías siguen creciendo. Si las políticas monetarias se restringieran entonces sí podría sentirse el golpe rudo del incremento. Y la incertidumbre obedece a que la demanda y la oferta están tan ajustadas que un huracán -como ahora el Katrina- o los riesgos terroristas provocan desequilibrios que empujan los precios. Por otro lado, los niveles reales de reservas del crudo y las capacidades de producción de nuevos yacimientos resultan ser los secretos mejor guardados.

El examen de las políticas anticrisis nos debería de llevar a: 1. Asumir que hay un costo por la crisis de los precios que impone otra cultura de consumo, más racional y menos dilapidadora, 2. Reforzar la capacidad de negociación del Estado ante las transnacionales de los combustibles y las distribuidoras, pues las alzas tienen un alto componente especulativo, es decir, aplican aumentos anticipados a las señales del mercado y al final tienen un doble efecto en los precios (de nueva cuenta, la propuesta de Hugo Chávez resulta una opción negociadora para nuestros gobiernos ante las corporaciones), y 3. Aplicar subsidios efectivos a los sectores populares, evitando su dispersión entre los estratos de mayor consumo (ese sería el efecto de eliminar impuestos a los combustibles, como proponen algunos diputados). Por donde se vea, lo que exige la crisis es robustecer las capacidades institucionales autónomas del Estado, respecto de los intereses corporativos, generar un encadenamiento de estrategias de diverso alcance que rompan la pasividad actual, y montar una verdadera política anticíclica.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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