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Una causa para el país
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 15 de septiembre de 2005

Hay un problema grave de desnutrición.

Lo que dicen los datos más recientes sacude a quienes creemos en la democracia. Bajo este régimen de gobierno, que lleva ya 20 años, el número de municipios azotados por condiciones generales de pobreza se duplicó (Segeplan). Además, “la disponibilidad de alimentos en Guatemala ha mostrado una tendencia irregular desde la década de los 80. A partir de 1995 se inicia un proceso de deterioro sostenido, hasta colocarse en un nivel crítico” (PNUD). Esto, en un plato, es el fracaso social de la democracia.

La información en serie indica que los gobiernos militares se ocuparon más en procurar los micronutrientes para atajar la desnutrición desde los embarazos hasta que el niño cumplía 36 meses. Comparando, lo mismo ocurrió en varios otros países de Latinoamérica durante las dictaduras militares. Eran otros tiempos (bonanza económica, “Estados de bienestar”), puede alegarse, pero eso no disminuye nuestra responsabilidad actual.

Ideológicamente podemos tener incontables discrepancias sobre el peso de tal o cual causa de la desnutrición. Si es el patrón histórico de concentración de los beneficios económicos y alta desigualdad social. Si obedece a la consistente disminución de propietarios, dado que la proporción de hogares rurales con propiedad bajó del 65 al 52 por ciento, mientras el número de hogares que arriendan tierra subió del 12 al 19 por ciento. Si han sido las arbitrarias políticas de aranceles que mantienen en la quiebra a millones de pequeños productores de granos, para favorecer a unos cuantos industriales; así, por ejemplo, las importaciones de maíz se han triplicado, las del arroz se han duplicado y las del trigo aumentaron en un 21 por ciento. O si la situación se ha agravado con el desmantelamiento del sector público agrícola y social en general, amén de la recurrencia de desastres naturales y la crisis del café. O si la culpa la tienen los gobiernos por ser tan corruptos e ineficientes.

Sobre lo que no podemos discrepar es que hay un problema grave de desnutrición en el país que demanda acciones urgentes con diferentes alcances, métodos ad hoc de intervención y el concurso de múltiples sectores. Tenemos los índices más elevados en Latinoamérica en desnutrición crónica en menores de cinco años (49 por ciento), sobre todo en el área rural, en hogares indígenas y en niños con madres sin escolaridad. No es una situación de hambruna la que enfrentamos, pero los daños en el desarrollo físico y mental son alarmantes.

Aunque muchos hemos rechazado el “asistencialismo”, tendremos que concentrarnos en una estrategia tal para atajar los casos de alto riesgo entre lactantes que no pueden esperar siquiera llegar a la escuela para alimentarse, porque entonces será tarde, y menos atenernos a inciertas soluciones integrales de mediano o largo plazo. Ésta es una causa nacional por la cual bien vale la pena posponer las dosis de rencillas y descalificaciones que tan puntualmente nos inyectamos en Guatemala.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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