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Liberarnos de las redes informales
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 18 de septiembre de 2005

“¿Quién bloquea el desarrollo en Latinoamérica?”, pregunta Joan Prats en un breve y agudo ensayo publicado a fines de agosto.

“Busquen en la institucionalidad informal”, reta. E identifica la raíz en instituciones arraigadas durante tres siglos de régimen colonial, provenientes de la Europa premoderna (de la contrarreforma), centralizada, corporativa, mercantilista, patrimonial y guerrera, cuya idea de libertad se cristaliza en el privilegio jurídico.

Los intentos de modernización de los últimos 200 años no pudieron erradicar esas pautas culturales. Los próceres de la Independencia, con Bolívar a la cabeza, enfrentaron la paradoja de construir repúblicas y sin ciudadanos. Y optaron por concentrar el poder en el Ejecutivo (en desmedro de los otros órganos del Estado) y disminuir la representación a los propietarios, restableciendo privilegios al Ejército y la Iglesia.

En la época “burocrático-autoritaria” se quiso construir una tecnocracia autónoma de los grupos de interés, y apenas se instalaron algunos enclaves. En nuestro caso, el Ejército, el Banco de Guatemala (Banguat) y, durante Gert Rosenthal, Segeplan. El neoliberalismo redujo la burocracia, pero no logró los resultados propuestos. Al contrario, los mejores cuadros fueron alejados del Estado y la institucionalidad se debilitó de manera aún más alarmante. Breves ensayos recientes de edificación institucional -SAE y SAAS, como institucionalidad civil de seguridad, alternativa a la militarfueron destrozados en este gobierno. Como institución, sólo el Banguat se salva.

¿Cuáles son las anclas al desarrollo que las redes informales imponen? 1. A muy poca población integran (grupos de interés, segmentos clientelares), la mayoría queda excluida; 2. Castran buenos diseños de política pública; 3. La inseguridad jurídica que producen nos pone en desventaja en el código de la competitividad y los tratados de libre comercio; 4. Impiden que nuevos sujetos económicos -medianos y pequeños- bien insertados en la globalización sean la nueva base social de la internacionalización económica, y 5. Orillan a estos sujetos a la “globalización informal” poblada de tráficos ilícitos, con lo cual desgarran el tejido social, deterioran los valores de convivencia y abonan una gobernabilidad precaria.

La oligarquía y las grandes transnacionales pueden remontar la ola de la globalización gracias, en el primer caso, a la captura que hicieron del Estado, y, en el segundo, a la presión que pueden ejercer sus gobiernos y a la aplicación de cláusulas de arbitraje internacional. Pero, ¿es este el horizonte que queremos? ¿Más concentrador de riqueza, excluyente (ya no sólo de pobres, sino de capitales emergentes), inseguro, con mayores desconfianzas y referentes éticos en ruina? Esto sería autocumplir las profecías más oscuras de la globalización.

La edificación nueva del Estado, de la política y del desarrollo institucional no es lujo, es necesidad. Es “una condición -dice Prats- para que surjan mercados interna e internacionalmente competitivos, y que los pobres puedan acceder sin discriminaciones a las actividades productivas.”

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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