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¿Dónde está el piloto?
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 22 de septiembre de 2005

Ante una emergencia económica, vemos inamovilidad oficial.

Nada alcanza, se queja la gente en la calle. Los precios están en una escalada imparable y los consumidores y usuarios ven cómo se las espantan con un dinero que cada vez compra menos. No cuentan con ningún otro medio para paliar las alzas, y eso es lo que hace más precaria e insegura su condición de vida. Consideremos sobre todo que los rubros más lastimados son alimentos, educación, salud y, ahora, el transporte y la energía, que van arrastrando por segunda vuelta a todos los demás.

Desde luego que esa insatisfacción genera malestar popular y entre la clase media. Y todos voltean a ver -cada vez con mayor escepticismo- si hay soluciones en el gobierno y sus alrededores. El gobierno dice que la culpa no es suya: la crisis obedece a los precios altos del petróleo y sus derivados. En realidad la inflación también tiene causas internas y viene desde hace rato, como lo indican las estadísticas del INE.

La crisis es económica, pero con consecuencias sociales extensas. Todavía no es una crisis política. La inconformidad es difusa, se ahoga en las angustias hogareñas. Las organizaciones populares han demandado acciones del gobierno, como aumentar los salarios, y medidas de emergencia para amortiguar las alzas de precios. Las cámaras patronales han reaccionado con una negativa al ajuste salarial. Han dicho que el dilema es: mejores salarios o menos empleo e inversión. Un círculo rígidamente cerrado. El gobierno, más o menos, ha seguido el mismo tono.

En el Congreso se discute la eliminación del impuesto al diésel, ante la resistencia en principio de la Gana, por la merma fiscal. (En ese debate no está clara la relación costos/beneficios.) Otros políticos creen que renegociando los contratos de generación de energía, se encontrará un remedio, aunque sea parcial. (Un tema que ya ha sido abordado en Guatemala y El Salvador, sin éxito; habría que ver las razones.) Otros más creen que hay que obligar a las importadoras de gasolina que sacrifiquen algo de sus utilidades. (No está clara cuál sería la palanca de presión.) No faltan quienes piden mano dura: intervención de servicios, controles drásticos de precios, sanciones a especuladores, denuncia de contratos por lesividad, etcétera. Finalmente, están quienes llaman a un diálogo para buscar soluciones y evitar disturbios, dado que los grupos populares están molestos porque el gobierno no los atiende o les dice “no” a sus demandas.

Hace algunos meses un huracán estuvo cerca de golpearnos. Por fortuna no lamentamos tragedias mayores. Entonces vimos en acción -hasta en sobre reacción- al gobierno, aunque nunca sabremos si sus planes eran realmente efectivos. Esta vez ante una emergencia económica y social, lo que destaca es la inamovilidad oficial. Quizá la percepción del gobierno sea que la depresión de la gente es tal que las marchas de protesta nunca serán nutridas y que cada cuál verá cómo mejor se las arregla. Quizá se calcule que el margen de maniobra es tan estrecho que no vale la pena alborotar hormigueros, y sólo es cuestión de tiempo para que baje la ola y las cosas se acomoden. Quizá los planes de emergencia están por llegar. Quizá hay anomia por contagio…

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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