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No se ha escrito la historia
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 29 de septiembre de 2005

El crimen contra Gerardi dejó cabos sueltos.

Sobre el asesinato contra el obispo Juan Gerardi no se ha escrito la historia. Lo que domina es un humo prendido a propósito para impedir claridad. Se ha aplicado un principio de Goebbels: el engaño se construye sobre una cierta dosis de verdad, suficiente para apuntalar la propaganda. Se emplea el lenguaje para ocultar el pensamiento, decía Octavio Paz.

Émulos de Goebbels cayeron acá a finales de los 90, tras su labor diversionista en Nicaragua y México. Difundieron un libelo goebbeliano sobre el caso Gerardi y se marcharon. Por lo visto hicieron bien su tarea, pues resultaron creíbles para algunos, más allá del círculo de interés que predica su propaganda.

En una nota de ayer en elPeriódico, Mario Roberto Morales la adopta en su interpretación de la historia reciente. La tesis del libelo encargado a los dos europeos es que la víctima política de la muerte violenta del obispo Gerardi fue el ex presidente Arzú y su proyecto (neoliberal, privatizador o como se le llame). Habrían perdido las elecciones generales de 1999 por el crimen irresuelto; sobre todo por la “escenificación” que los desacreditó.

Pero la evidencia no dice que el PAN perdió las elecciones por el caso Gerardi. (Veamos si el péndulo se sostiene por sí mismo si lo movemos para afirmar que, entonces, fue un libelo -y sus extendidos ecos- lo que le dio la alcaldía a Arzú: lo liberó de las cadenas del caso al difundirse en octubre de 2003, pues en noviembre él fue electo. Por supuesto que el péndulo no se sostiene. El libelo tiene una función histórica para Arzú y su gente, y eventualmente fue una batería electoral preventiva).

Fueron otros los factores que interrumpieron el proyecto del PAN. En eso no hay secretos. Son las mismas razones que han impedido que desde 1951 un partido o candidato oficiales repitan en el poder (al menos sin fraude). Arzú no fue víctima. En un caso como el de Gerardi el Presidente tiene la obligación de saber. Su responsabilidad política como jefe de Estado es ineludible. Por eso sostengo que Arzú acabó siendo encubridor. Él fue el último gobernante que tuvo ascendencia real sobre todos los poderes del Estado. La pregunta es al revés: si el caso Gerardi era la palanca que movía un proyecto histórico mayor y manchaba la aureola del “estadista” que detuvo la guerra civil, ¿por qué no lo resolvió? Puedo imaginarme que hubo preguntas inquietantes, debates internos, cálculos políticos y hasta familiares. El coronel Byron Lima Estrada, quien guarda prisión por el caso, dijo en una entrevista de prensa que el apócrifo que lo involucró en el caso, salió de oficiales cobaneros que servían bajo el mando de Arzú. Hace siete años escribí en este mismo diario que estábamos ante “el crimen perfecto”. Me equivoqué. El que se cometió contra Gerardi dejó cabos sueltos y demasiada gente viva que sabe. No ha hablado por miedo o por estar indirectamente implicada. Pero sospecho que la red de “contención” es inestable y se va descomponiendo.

Por eso la trama real del magnicidio seguirá develándose. Así, resulta aventurado adoptar como “la” historia un libelo que no soporta dos plumazos de evidencia. En esas materias, diría Borges, no hay verdad, hay historias.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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