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Emergencia prolongada
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 20 de octubre de 2005

Tendremos que nadar entre dos aguas casi de manera simultánea.

El riesgo mayor, en este periodo, es que las secuelas de la tormenta Stan cobren más vidas que el propio desastre natural. El colapso, por inundaciones y deslaves, de gran parte de la base material de sustento de comunidades empobrecidas aumenta la vulnerabilidad de sus habitantes ante el hambre y las enfermedades.

La tormenta llegó justo en época de cosechas. En la agricultura estacional de supervivencia eso significa que las familias damnificadas perdieron el sustento directo de por lo menos los próximos tres meses, eventuales ingresos en dinero provenientes de las ventas de los excedentes y de otras operaciones de comercio menor. Y es que la catástrofe arrasó con todo: instrumentos de labranza, molinos de nixtamal, animales de corral, etcétera. En cada caso el patrimonio productivo/familiar que se ha perdido no baja de 20 mil quetzales. Además, las oportunidades de conseguir empleo en las plantaciones de caña de azúcar y de café han disminuido, por las pérdidas que éstas también sufrieron. Aunado a ello, la desnutrición, la intemperie, los bruscos cambios climáticos, la descomposición de animales muertos y las aguas estancadas crean un caldo de cultivo para epidemias. La costa sur es, en este sentido, una región crítica.

Así las cosas, tendremos que nadar entre dos aguas casi de manera simultánea. Técnicamente el abordaje de estas crisis implica tareas diferenciadas: emergencia, rehabilitación y reconstrucción. Pero, ¿qué ocurre si la emergencia natural se prolonga como una emergencia social y económica en las regiones más empobrecidas? Eso nos configura un cuadro de crisis humanitaria prolongada que debe ser atendida con intensidad.

Las redes del Frente contra el Hambre tendrían que multiplicarse para operar de manera extraordinaria y mantenerse en el terreno. En el campo de la salud, el país cuenta ahora con un equipo de 171 médicos recién graduados en Cuba, con predisposición a las contingencias y adaptación cultural, dado que son originarios de las áreas empobrecidas. El cambio de actitud es notable: estos médicos guatemaltecos viven en las comunidades apartadas, no esperan a que la gente encuentre el centro de salud, y son muy efectivos con el mínimo equipo; 30 de ellos en San Marcos están haciendo una diferencia. Quizá estos dispositivos sean insuficientes para la dimensión de la emergencia y su carácter crónico, pero cuando menos es una vertebración inicial que habría que reforzar y aumentar su dislocación geográfica.

En las tareas de rehabilitación, el sentido común aplicado a una economía de primer piso, como la nuestra, aconsejaría que el diseño abrigue con prioridad el uso intensivo de mano de obra y la movilización de recursos locales. Esta orientación de la fase previa a la reconstrucción es la base de lo que el gobierno ha denominado “reconstrucción con transformación”, que deberá abarcar la reedificación de instituciones del Estado y otra arquitectura económica y ambiental, así como el aseguramiento de un eslabón esencial en este periodo: la multiplicación de fuentes de empleo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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