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Hacia la ciudad-región
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 17 de noviembre de 2005

Cuanto altera el trazo de la obra el precio de las tierras.

Visto a la distancia, el denominado Anillo Metropolitano vendría a aliviar la conexión vial de municipios de Guatemala con la capital y entre sí, despejando el tráfico. Podría también circunvalar el transporte de carga y de pasajeros que, por la disposición centralista histórica de nuestra red vial, debe desembocar forzosamente, aunque no sea su destino final, en el nudo urbano citadino, volviéndolo más denso.

Anotadas esas ventajas, es necesario llevar el debate sobre otros efectos derivados de la operación de ese circuito terrestre, que podrían contrarrestar las bondades del proyecto. En todo caso es justo tratar de aproximar los elementos del beneficio y del costo. Un anillo metropolitano, como una carretera o cualquier obra física no puede ser apreciado sólo como una obra lineal que va, en este caso, a acercar poblados colectando y distribuyendo vehículos.

La infraestructura en cuestión debe responder a varias preguntas clave. Por ejemplo, ¿qué importancia tiene dentro de la política de desarrollo de la región central? La política, según la ley debe ser diseñada por el Consejo Regional de Desarrollo, con la participación en este caso de los consejos municipales y locales. El Código Municipal también le otorga facultades al municipio en la atención de servicios y el ordenamiento territorial. Todo lo cual nos lleva a un proceso ampliamente deliberativo.

Por otro lado, recordemos que el concepto de lo urbano está íntimamente asociado –dependiente– a los servicios para la producción y la calidad de vida de la población. Ahí cabe preguntarnos ¿cuál será el impacto en los asentamientos humanos que serán circunvalados por la obra vial, incluyendo las secuelas ambientales? ¿Cómo afectará el consumo de energía –en particular de combustible, dado que esta es una obra de una sola tecnología–, las tarifas del transporte colectivo y la dotación de servicios a los asentamientos, sean estos colonias residencias o barrios populares? Y el trazo de la obra ¿qué tanto altera los precios de las tierras? Si a estas alturas se determina que el trazo original –que ya elevó el costo de los terrenos– es vulnerable a deslaves, derrumbes o por el tipo de suelo, ¿qué otros costos deberán pagarse?

Estas y otras cuestiones tienen que aclararse debidamente, pues el anillo periférico modificaría sustancialmente el paisaje del departamento de Guatemala, sustituyendo nuestro actual trazo ciudad-municipio por ciudad-región, profundizando la disposición actual de “municipios dormitorio”. A diferencia de Los Ángeles, California (el modelo de ciudad-región), nosotros no tenemos la capacidad de pago por habitante –dada la relativamente baja densidad de población– para costear bajo ese diseño la infraestructura aparejada: electricidad, agua, drenajes, basura y, en general, calidad de vida. ¿Cuánto costaría el drenaje, por ejemplo, en San Raymundo, o el servicio de transporte extraurbano? No es propiamente un cuestionamiento de la obra sino una apertura de ventanas que, hasta donde alcanzo a ver, no hemos sopesado debidamente.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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