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¿Otro signo de la seguridad?
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 28 de noviembre de 2005

Un civil le ganó el pulso a Defensa.

La real oportunidad de una reforma militar ordenada y profunda la tuvo Arzú en 1997, tras la firma de la paz, pero la desperdició al dejarse atrapar por su propio alto mando que urdió la trama del asesinato contra Gerardi. Portillo condujo algunos cambios –dislocación territorial, política de defensa, doctrina militar, disolución del EMP, creación de la SAAS y civilización de la SAE- pero su preocupación central era garantizarse la lealtad del Ejército, y eso tuvo un serio costo institucional y financiero.

El Ejército quizá estaba listo para reemprender su transformación interna en 2004, pero carecía de liderazgo y los gobernantes no tenían idea de qué misión darle. Otto Pérez, de comisionado presidencial, se propuso gobernar el área de seguridad, pero le arrebataron algunas piezas –como la SAE, la primera administración de Gobernación y la SAAS- y optó por salir. Aún así, condujo al súbito recorte de efectivos que, hasta ahora, no llevó a la reforma.

Al mismo tiempo ocurría un cambio en el signo de poder en Gobernación. Aunque en términos de eficacia operativa, control del delito o reformas institucionales la llegada de Carlos Vielmann no ha sido relevante, sí lo es como expresión de poder político. Es un representante leal de la cúpula industrial. Temprano entró a disputar esferas de poder e influencia con el Ejército, tratando de dejar clara una jerarquía inédita para las actuales generaciones de oficiales: que el de Gobernación es el primer Ministro de Estado y subordina al mando militar.

No tardó en salir a luz su interés de controlar varias instalaciones, desde bases clave hasta centros logísticos y hospitalarios. También se manifestó la necesidad de trasladar tropa, como Policía Militar, bajo el mando de la seguridad civil. Y la competencia de funciones en presidios, que llevó a mutuas increpaciones. Mientras el ex ministro de Defensa Carlos Aldana estuvo afincado familiar (buena comunicación de su esposa con la señora de Berger) y políticamente (respaldo del secretario Ejecutivo, Eduardo González) en Casa Presidencial, pudo resistir. Pero cuando estos hilos se debilitaron, cayó, sin que se guardaran las formas.

Eso encendió un sentimiento de agravio militar y de resentimiento, en algunos sectores, antioligárquico. Quizá esas reacciones nublen el hecho de que por primera vez en muchos años un civil en Gobernación gana un pulso de poder a un general Ministro de la Defensa. Ahora, más allá de esa tirantez se abren varias preguntas para la sociedad: ¿se identifica como necesaria la existencia del Ejército? En caso afirmativo, ¿qué tipo de Ejército? ¿Una guardia nacional, como parece sugerir el Pentágono? Y si la presencia de Vielmann en Gobernación es más que un símbolo pasajero, y expresa la voluntad de la cúpula del poder económico de asumir directamente la gestión de seguridad pública, ¿qué organización de seguridad civil se requiere? ¿Convivirá, asimilará, romperá o se subordinará al amplio espectro de seguridad e inteligencia privadas?, pues, ciertamente, éstas siguen siendo los bastiones en que Gobernación se apoya, aparte de limitados acuerdos con EE.UU.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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