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Más mercado y mejor Estado
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 11 de enero de 2007

Alguna vez Mario Monteforte le reclamó a un amigo mutuo: si ya te quitaste las botas, no te pongas el casco. Le hablaba a un capitán que había abandonado el Ejército y se preparaba a ingresar a una de esas universidades donde, muchas veces, las ricas corrientes de pensamiento se empobrecen con versiones doctrinarias fundamentalistas. La anécdota me supo a la metáfora de Guatemala en las últimas dos décadas.

En la medida en que la historia archiva fórmulas que achatan la realidad, bien vale la pena extraer de ellas lo que resultó cierto y construir de sus partes un nuevo edificio social, coherente con la cultura y las relaciones políticas de fuerza donde se quiere actuar. Al escribir esto recordé una leyenda narrada hace diez años por el escritor Eduardo Galeano. Nos contó que en una tribu del norte de Brasil la ceremonia de transmisión de mando incluía un símbolo que resumía el compromiso de “transformar en la tradición”. El jefe saliente dejaba caer un jarrón que se hacía añicos; el entrante debía reconstruirlo. Con la misma materia diseñaba otro jarrón. Y así en cada ciclo.

Esta metáfora también se puede aplicar a la edificación del futuro de Guatemala. Enrique Iglesias, ex director de Cepal y Bid, expuso, pero en el campo de la reflexión para el desarrollo, la tarea del jefe saliente y del entrante; fue en una conferencia en la Cepal, publicada hace poco (Revista de la Cepal, No. 90, diciembre 2006). Rompió los dos paradigmas económicos que guiaron a Latinoamérica desde mediados del siglo pasado, y de sus partes construyó uno pertinente para esta época. Elude nombrarle nuevo paradigma (“es un paradigma incremental”, dice), pues toma elementos del modelo cepalino de sustitución de importaciones y del Consenso de Washington.
Su fórmula básica consiste en disolver la contradicción Estado-mercado retomando la propuesta del ex presidente chileno Ricardo Lagos: más mercado y mejor Estado. Ciertamente el Estado entró a suplir tareas que el mercado –por dimensiones, cálculo de riesgos y perspectivas de ganancias– no cumplía, pero fue, indebidamente, más allá. Las reformas del Consenso de Washington, al revés, le dieron la espalda al Estado, cayendo en el extremo de querer crear un mercado sin Estado (antítesis del comunismo: Estado sin mercado).

Sobre el dicho de Lagos, Iglesias avanza otro tramo, indispensable. Subraya que el desarrollo requiere más mercado, más Estado y más sociedad civil, sin confundir, recordando a Raúl Prebisch, su mentor, “tamaño con fuerza ni grasa con músculo”. Con esos tres actores se acerca, sin decirlo, a rotular un nuevo espacio que ha estado allí, pero en el que no encontramos hasta ahora la sinergia: lo público. El jarrón a construir.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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