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Piratas de la Sexta
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 12 de febrero de 2007

Si no se ayuda a la gente, ¿por qué ese empeño de fregarla más?

Cuando vi al oficial de Policía en la TV con su barrosa cara de pirata del Caribe, sostenida plácidamente por esas impenetrables gafas piratas de la Sexta, recordé esta anécdota. Un encumbrado especialista en tratados de libre comercio me confesó su paradoja: él, dedicado a estudiar los efectos nocivos de la piratería de música y películas, es un cinéfilo incurable que acude al menos dos veces por semana a una tienda de la zona 1 que le abastece lo último de los filmes (piratas) a precios módicos y con garantía, y no es raro que ahí coincida con un directivo de una cámara empresarial que llega con el mismo propósito. Nuestro pirata del Caribe chapín –obvio beneficiario de la piratería y el contrabando– explicaba ante las cámaras detalles del último operativo policial y militar en la Sexta Avenida, en el que los cuerpos de seguridad decomisaron un millón de CD piratas. Al siguiente día en radio Sonora alguien opinó que no era moral la venta de productos plagiados, pero el resto se lanzó contra las autoridades. Un radioescucha dijo constarle que apenas unos CD decomisados fueron destruidos, pero el gran volumen se lo repartieron los policías para revenderlos.

El asunto es este: el mercado laboral informal absorbe a siete de cada diez trabajadores. Y si la gente está ahí es porque nuestro sistema económico no le ofrece alternativa: 1. Nunca se asumió el costo (inversión) de elevar la capacitación de la fuerza laboral. 2. La llamada economía formal acumula un creciente rezago en la absorción de mano de obra: apenas capta dos de cada diez jóvenes que cada año se incorporan al mercado de trabajo; el resto tienen que ir al subempleo o emigran. 3. La economía informal representa también una extensión (vergonzante) de la economía formal, que así disminuye costos.

No es cierto que todos sean cuenta propia. Los informales de la Sexta, por lo que he visto, están sujetos a un régimen de dependencia brutal; rasgan la vida totalmente al descampado. Nada más lejos para ellos que una ventanilla de crédito no usurero o acceso al Seguro Social. Por eso la persecución de informales expresa insensibilidad, doble moral y unas prioridades de seguridad patas arriba.

El contexto de esta última batida completa el cuadro. Deportaciones de emigrantes hacia EE.UU. que crecen de manera alarmante. El costo de la canasta básica que ha sufrido durante este año un aumento dramático, cuyo impacto aún no es parte del debate (al menos, no tiene la cobertura del fiasco del Transmetro). Gente espantada porque su dinero no está seguro en ningún lado o que no sale del shock por la pérdida de sus inversiones bancarias, equivalentes al seguro de vida. Y ello se suma al juego involuntario de ruleta rusa al que estamos expuestos todos diariamente: robos, ataques, coacciones etcétera. La pregunta es justa: si no se ayuda a la gente, ¿por qué ese empeño de fregarla más?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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