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Transformar la política
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 23 de febrero de 2007

La política perdió su lenguaje y hasta su estilo de comunicar.

La política ya no es lo que fue. En cierto sentido eso es bueno. Se ha desacralizado. Los políticos ya no somos –debo, por la fuerza de la tradición, asumir una condición que nunca tuve– los sumos sacerdotes, intérpretes únicos del oráculo de la nación, quienes decidían sobre la vida o la muerte de disidentes u opositores.

De algún modo, podríamos decir, la política se ha humanizado. El pueblo reconoce a los políticos, casi, como otro más. Ya no es tan fácil para el poder político escamotear sus yerros, ocultar sus negocios corruptos y otras falencias. La prensa ganó la complicidad de muchos y aprendió a cultivar una apreciable capacidad para develar el poder político. Aunque una vez que lo hizo con enjundia y no lo volvió a hacer, se extraña.

Los grandes recursos de la manipulación social y el engaño ya no son de la política. Provienen de otro lado. El poder político únicamente sirve de mampara.

Al ser despojado de su halo, el poder político pierde magia (respeto, dirían algunos nostálgicos). No es una carencia meramente simbólica. La política perdió el poder de transformar. Esto es, hemos incumplido su misión cohesionadora, su función de prender el faro para la comunidad nacional, disolver amenazas que acechan a nuestra gente y procurar condiciones para el bienestar social.

Si ese es el estado de las cosas, ¿por qué no está en boga promover una revolución política? Parece que la fatiga de dos generaciones que apostaron al cambio, y perdieron, pesa todavía.

La política ya no es lo que fue, y en cierto sentido eso no es bueno. La política se monetizó. La abandonaron las ideologías y la invadió el mercado (lícito y delictivo). La política parece vibrar solo en los mercaderes que trafican proyectos, comisiones e intereses pecuniarios.

La política perdió su lenguaje y hasta su estilo de comunicar. Se los copia ahora a los presentadores de la televisión y a los carismáticos líderes religiosos.

Pero como es la política, aunque atraviesa un largo invierno en apariencia infértil, nunca abandonaremos el desafío de cuadrar el círculo, que no es otro el reto de estos tiempos.

La búsqueda de una “política para el hombre”, según el término que el filósofo francés Edgar Morin acuñó hace 40 años, nos acompañará como utopía siempre, es decir, como el horizonte inalcanzable que, sin embargo, nos hace caminar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 220207


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