Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Cuestión de semántica
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 26 de marzo de 2007

El aberrante criterio de seguridad pública del Presidente.

“Crimen organizado y narcotráfico son delincuencia común; creo que es cuestión de semántica, pero diferencias no hay” (Siglo Veintiuno, 25/03/07, página 2). El autor de esa aberrante confusión conceptual no podía ser otro que nuestro inefable presidente de la República, don Óscar Berger.

Si ese es el criterio de seguridad pública que guía al Jefe de Estado, ya podemos comenzar a entender por qué estamos como estamos en Gobernación, la Policía Nacional Civil y el Ministerio Público. Bajo esa premisa, el salmón y el caviar deben ser parte de la canasta básica de los guatemaltecos, pues solo “es cuestión de semántica”, porque diferencia con la tortilla y los frijoles “no hay”.

Nuestro gobernante, ¿viene de otra galaxia? He visitado escuelas donde los chicos entienden con claridad la diferencia entre capo de la mafia y el carterista, narcotraficante y ladrón de gallinas. Bien lo pudo haber dicho el ex constituyente Jorge Skinner Klee: estamos ante un caso de “ignorancia enciclopédica” (Skinner Klee colgó ese rótulo, “ignorante enciclopédico”, a inicios de los años noventa al entonces canciller Álvaro Arzú, por cierto, mentor de Berger).

La diferencia (cualitativa) entre crimen organizado y delincuencia común es de naturaleza (causas), proporciones (escalas) y (elemental que un mandatario lo entienda) de estrategias para contrarrestarlos. El crimen organizado no delinque por hambre, persigue acumulación de riqueza y poder; infiltra instituciones, postrándolas; opera como una corporación transnacional y tiene capacidad de corromper todos los estamentos políticos y sociales, sea por la fuerza del dinero o por el efecto de la amenaza que infunde miedo real. Es un poder impune que no perdona desobediencia ni traición, y sobre esa lógica aplica premios y castigos. Florece entre los vacíos y flaquezas del sistema.

Para contrarrestar la delincuencia común debemos dotarnos de una eficaz política social. Para enfrentar el crimen organizado démonos aparatos altamente calificados, con cobertura nacional y de naturaleza centralizada, capaces de operar –en un régimen de control democrático y judicial– bajo reserva, sigilo y secreto de la información.

Ahora, al presidente Berger no lo manden de cacería: igual emplearía un cañón 105 mm si se le asoma un tigre o si se le cruza una ardilla. Para él, diferencias no hay. Y que no le tomen la palabra los guardias que tiran escopetazos en la espalda por Q12 o los Rambos dispuestos con sus metralletas a liberar al transeúnte que perdió la cartera. Sólo el crimen organizado no se podrá quejar de tal disparate de desproporciones: quizá para ellos sean los privilegios económicos y la impunidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.