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Sociedades que se suicidan
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 30 de marzo de 2007

“Ahora sé que las sociedades son capaces de suicidarse”.

Edmond Mulet, ex presidente del Congreso y ex embajador en Washington y Bruselas, es el representante del secretario general de las Naciones Unidas en Haití. Desde junio pasado dirige la MINUSTAH, la misión internacional de estabilización (tutelaje) del Estado fallido haitiano. En esa calidad Mulet es una suerte de copresidente en esa isla del Caribe: coordina la cooperación internacional –que financia todo el presupuesto de inversión pública y el 65 por ciento del gasto operacional del Gobierno­– y tiene bajo su mando a cerca de 10 mil funcionarios de la ONU, la mayoría especialistas de seguridad provenientes Latinoamérica.

El martes 27, en una conferencia en la galería de arte Caos de la zona 10, Mulet ofreció una panorámica sobre la situación de Haití. Recordamos que en la víspera de su partida a Puerto Príncipe le pedí este favor: cuando vuelvas cuéntanos cómo podría ser nuestro futuro si continuamos por la actual senda. La descripción de Edmond fue exacta y objetiva, pero el cuadro que develaban los datos que ofrecía era atroz, espeluznante. Creí que hablaba Dante Alighieri.

Podría decirse que, en un sentido (en el modelo teórico de los Chicago boys), Haití es la sociedad más libre. Cualquiera hace lo que le viene en gana. Igual un vecino cuelga un rótulo en una casa, le nombra “liceo” y extiende los títulos que quiera a quien sea; igual un criminal mata, roba, secuestra y viola niños sin consecuencias penales. La Policía es corrupta, los jueces están pintados. Ahí no hay Registro Civil, ni aduanas, ni catastro. Nadie sabe qué entra, qué sale; cuántos mueren, quiénes nacen. La propiedad es la del más fuerte y nada garantiza su posesión. No hay pobreza, hay miseria.

De los 12 millones de haitianos, una tercera parte pertenece a la diáspora. Vive en EE.UU., Canadá, Francia, República Dominicana. Haití tiene un Gobierno electo que realiza un enorme esfuerzo por recuperar la nación e implantar la ley y presencia del Estado en el territorio. El Gabinete del presidente Preval es de lujo: incluye intelectuales prominentes, funcionarios destacados que han servido a organismos internacionales, exitosos profesionistas que regresaron para contribuir a la recuperación de su país. Pero debajo de ellos no hay cuadros. Ni burocracia ni sistema ni instituciones. El gobernante y sus ministros se ocupan de las estrategias y políticas de Estado, con la misma intensidad que atienden la carpintería y las goteras de sus oficinas. Igual es en los partidos.

Edmond dijo algo que me impresionó: “ahora sé que las sociedades son capaces de suicidarse”. Pero lo peor, creo, es la inconciencia de esas sociedades que se suicidan, pero no mueren; no se dan cuenta que ya se suicidaron y quienes las llevaron al suicidio medran del chovinismo. Debemos escuchar con más atención a este hombre que viene de un futuro probable para nosotros. Un futuro que debemos conjurar ahora.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 280307


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