Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Cambiar la episteme
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 9 de abril de 2007

Dejaría de ser humana esta historia si las cosas quedasen así.

Ni sobre las causas de esta crisis prolongada de seguridad pública existe acuerdo en la sociedad. ¿Podrá entonces existir un entendimiento común sobre las soluciones? Hagamos un trato: por ahora no busquemos culpables, encontremos la raíz. La raíz es una: el quebrantamiento de la ley sin consecuencias, la impunidad. ¿Cuál ley?, si nuestro ordenamiento es enmarañado y contradictorio, no ofrece certeza. Puede, eventualmente, haber satisfacciones legales para quien se arma de paciencia y de una billetera gorda, y mejor si tiene conectes. El laberinto administrativo de los tribunales desalienta y crea esta paradoja: sale más barato el agravio sin sanción. Dejémoslo ahí, dice el afectado, sea por costes o para no aumentar el riesgo.

Esa mutilación ciudadana nos hace volver los ojos hacia las instituciones. ¿Quién debe velar que la ley se cumpla y se sancione al infractor? Las autoridades, claro. Las fuerzas del orden llamadas a prevenir el delito. Aquellos que, al conocer una denuncia, ponen manos a la obra para dar con el trasgresor y demostrar su responsabilidad. Quienes juzgan las pruebas y dictan una sentencia congruente y proporcional.

Allí está la falla. Acordemos, entonces, que no es el ciudadano agraviado el condenado a otro calvario. ¿Por qué las autoridades fallan? Por falta de recursos, dirán algunos. Presupuesto exiguo, personal insuficiente y no profesional, cobertura pobre. Pero, ¿vamos a esperar a juntar el dinero suficiente para que impere la ley? ¿Tenemos siquiera una justicia proporcional a los recursos que le asignamos? Y por otro lado, ¿cuál es la racionalidad del uso de esos recursos? La independencia, condición sine qua non de los operadores de justicia, conlleva discrecionalidad y no equivale a ausencia de rendición de cuentas.

¿Cómo pueden ser independientes los magistrados y el fiscal general si son electos o nombrados por los políticos? –alegarán algunos. Se considera un buen procedimiento en la democracia. ¡Pero no con los políticos que acá nos recetamos! –me replicarán varios. Así veremos que la raíz encontrada tiene otras ramificaciones. De los políticos podemos saltar a la oligarquía, y nos sentiremos sitiados. Y de ahí al viejo pero duro enclave de la Guerra Fría. Suficiente para el desaliento colectivo. Que cada cual se refugie en su cueva mientras las cosas cambian fuera.

Dejaría de ser humana esta historia si las cosas quedasen así. Pueden empeorar, diría Murphy. Pero también podría venir el cambio súbito del lugar inesperado, porque siempre habrá gente ordinaria para encarar tiempos extraordinarios. Hablo del cambio cultural, la episteme, que pasa por decisiones personales, como asumir el riesgo de decir la verdad desoyendo los aplausos que compran el silencio, o atravesando la prueba de Abraham (la amenaza). Es la parresia, el paradigma de la educación: vivir lo que se dice. Así se cambia la práctica política y la naturaleza del poder.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.