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Una apuesta económica
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 30 de abril de 2007

La desigualdad es una vieja marca de nuestros modelos.

Cada año buscan empleo por primera vez unos 125 mil jóvenes. Una muestra de cinco de esos muchachos nos pintaría este cuadro: uno encuentra trabajo estable, con prestaciones de ley y horizonte de ascenso; tres se van a la economía informal donde son trabajadores por cuenta propia o asalariados pero sin los derechos del Código laboral; y el quinto joven trata de emigrar indocumentado a EE.UU. Una fracción indeterminada de estos se asocia a la economía del delito.

La pirámide de ingresos es brutal. El salario mínimo representa menos de la mitad del costo de la canasta básica familiar. Entre los informales, siete de cada diez son calificados como subempleados, en parte, por sus exiguos ingresos, no obstante que laboran jornadas de 12 a 15 horas diarias. Las clases medias profesionistas deben contar con dos o hasta tres ocupaciones o incorporar a un segundo miembro del núcleo familiar al mercado de trabajo para mantener el ritmo de vida y solvente necesidades básicas: matrículas de colegio, servicios médicos particulares, abonos de casa, carro etcétera. En la cúspide están los altos ejecutivos de corporaciones y empresarios en ascenso, cuyos ingresos directos serán al menos 80 veces superiores a la base piramidal, donde superviven casi dos tercios de la población.

La desigualdad es una vieja marca de nuestros modelos de economía, pero nunca como en estas dos últimas décadas la contracción de las ramas de producción y servicios fue tan severa. Al punto que, en estricto sentido, nuestra economía perdió capacidad de reproducir su propia fuerza de trabajo y por eso la expulsa allende las fronteras y hacia esferas ilícitas, que, por otra parte, se han convertido en una fuente extraordinaria de consumo y acumulación.

Pero supongamos que ante nuestros ojos estallase el milagro y el país amaneciera hoy rebosante de inversión productiva e inexplicablemente el Gobierno abriera los canales de la competencia real del mercado: ¿nos salvamos? No. Carecemos de fuerza operaria, técnica intermedia, gerencial e ingeniería avanzada para administrar un boom. No veo las instituciones capaces de producir tal fuerza de trabajo, y que orienten estratégicamente su calificación.

Ese es el tema de fondo: Guatemala no apuesta decididamente a un modelo económico por híbrido que sea y tampoco cuenta con una política de capacitación laboral y educativa coherente. Hoy más del 50 por ciento de las ocupaciones no requieren calificación alguna, y en el mercado laboral casi no existe diferencia entre asistir o no a la escuela primaria. ¿Qué edificios económicos subyacen detrás de las ofertas electorales? ¿Se podrá edificar de todos ellos uno solo que se exprese políticamente –digo, con actores reales– como un nuevo pacto social?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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