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Saber enterrar el pasado
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 10 de mayo de 2007

La guerra fría es cosa del pasado, pero hay que saber enterrarla.

Nadie sabe quién mató al obispo Juan Gerardi, dice el coronel Mario Mérida (elPeriódico 8/5). De lo que “no hay duda” –prosigue- es que algunos miembros de la ODHA capitalizaron (emplearon en beneficio propio) su muerte.

Bueno. El MP y la ODHA (querellante adhesivo) presentaron a los tribunales hallazgos sobre el crimen e identificaron algunos responsables. Hubo sentencias y apelaciones; sentencias firmes en varias instancias, y quedó procedimiento abierto contra la línea de mando del EMP vigente cuando ocurrió el asesinato. Tras nueve años, este es un caso judicialmente abierto. Enteramente no se conocen los hilos de la trama.

Mérida afirma que “la mayoría de guatemaltecos no cree” que los militares sean responsables. (No nos informa que cree esa misma mayoría sobre la implicación del cura que también guarda prisión por el caso). Y como Gerardi no era enemigo del Ejército –sostiene- porque en 1994 se pronunció a favor que la CEH no identificara responsables de los crímenes, reconociendo además la vigencia de una ley de amnistía, los militares tampoco iban a considerar enemigo al obispo.

Esa ley de reciprocidad es inaplicable y el ejemplo que la sustenta devela, en realidad, la calificación de enemigo en el Ejército de los noventa: aquel que quiere identificar responsables y llevarlos a tribunales. Empero, coincido que Gerardi no era enemigo del Ejército ni de nadie en particular, a pesar de lo que vivió en Quiché, de su exilio y los ataques calumniosos. Odiaba, eso sí, las injusticias.

Volviendo al razonamiento inicial: como no hay responsables del crimen –es el territorio de lo insondable-, busquemos quién sacó provecho. Con esa pose de Sherlock Holmes en este país donde los patos tiran a las escopetas, se podría derivar que el familiar, amigo o colega de una víctima de asesinato o secuestro que reacciona clamando justicia cae bajo la terrible sospecha de medrar del caído. Qué bueno que a la ahora ministra De Torrebiarte, familiar de una víctima, no le han plantado el axioma.

Mérida no da nombres de los aprovechadores de la ODHA. Emplea muletas para trazar los retratos hablados. ¿Por qué andar con rodeos? Yo me planto ese guante. Contribuí personalmente a levantar, entre otros, el caso Gerardi y no tengo –personalmente- por qué renunciar a seguir buscando la verdad. No me desvela que me sigan dedicando libelos y sitios de Internet nutridos con archivos de la D2 o artículos de prensa con notables falsificaciones.

La guerra fría es cosa del pasado, pero hay que saber enterrarla. Significa que cada cual asuma sus responsabilidades en los contextos específicos. Implica cancelar deudas terribles. Entender lo que en un crimen hay de humillante e injusto. No apagar la memoria de las víctimas y, a la vez, saber perdonar. Ese aprendizaje de la historia libera a los individuos, a las instituciones y a la sociedad de sus fantasmas. Ayuda a reemprender la marcha.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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