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¿Qué haremos si la reforma pasa?
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 21 de mayo de 2007

Hay que sumar que el blindaje de la frontera con México va en marcha.

El acuerdo inmigratorio preliminar de Washington es complejo. Tiene una de cal y otra de arena. Incluye avances notables como las cuotas de inmigrantes temporales y agrícolas, y a la vez procedimientos perturbadores de documentación de 12 millones de latinos que viven clandestinamente en EE.UU.

En definitiva, el proceso de documentación es desalentador. Los inmigrantes deben salir de EE.UU. y, en algunos casos, abandonar sus familias, volver a sus países de origen y tramitar una visa de residente, pagando los costes judiciales y una multa de US$5 mil. Un trámite que llevará de ocho a trece años.

La Casa Blanca y el Capitolio celebran ese acuerdo asegurando que es la mejor oportunidad que tendrán en años para salvaguardar sus fronteras y sacar de la sombra a millones de indocumentados.

Pero éstos no comparten enteramente esa apreciación, y sus países de origen tampoco deberían hacerlo. Sólo un indolente sin criterio –nuestro gobernante- llama a tal acuerdo una “maravilla”.
Supongamos que del millón de guatemaltecos indocumentados, la mitad adopta el programa.

Vendrían al país a validar su trámite de visa. Súbitamente las remesas caerían, digamos, a la mitad, con lo cual, al menos el 10 por ciento del total de hogares sufriría una restricción seria de ingreso.

¿Y el empleo para los retornados? Las remesas son el 60 por ciento de las exportaciones y cierran la brecha exterior de comercio: su caída desataría desórdenes cambiarios y monetarios, con enormes contingentes de perdedores. El crecimiento de la economía mermaría: las remesas expresan más del 8 por ciento del PIB. Para colmo, la previsión de los próximos años es de desaceleración económica.

A eso hay que sumar que el blindaje de la frontera de EE.UU. con México va en marcha y se completará en unos tres años. A ese muro se agregará –si no hacemos algo- otra contención en la frontera entre Guatemala y México. O sea, quedamos taponados. Con todo, el acuerdo inmigratorio tiene opositores serios del lado conservador y anticipa un debate acalorado en la Cámara de Representantes, en condiciones de una Casa Blanca con autoridad disminuida. Y si a octubre de este año la reforma no pasa, tendrá que esperar otros tantos años.

Nuestros países deben batallar en conjunto y buscar su propia salida de desarrollo previendo un retorno masivo de inmigrantes, pues el riesgo de manipular el polvorín es muy alto. Si no mostramos esa otra cara de la moneda, la medicina saldrá peor que la enfermedad y, a la postre, será contraproducente para los propios EE.UU. Con el 1 por ciento de lo que ahora se gasta en la guerra de Irak podríamos empezar a imaginar la financiación de emprendimientos empresariales de pequeña escala, a la vez que reformamos las reglas locales de la economía para abrir la competencia.

Digo, algo tendremos qué proponer.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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