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Seguridad, sin ilusiones
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 28 de mayo de 2007

Muchos ven el problema del descrédito de la PNC en sus usuales prácticas corruptas.

Una idea recurrente y equivocada en seguridad pública es que a más efectivos en las calles mayor sensación de protección de los habitantes y acoso a los delincuentes. Saturar barrios, calzadas y carreteras de policías, soldados y hasta de guardias presidenciales –la última ocurrencia- nunca ha disminuido el delito. Pero es el recurso fácil de la autoridad para mostrar que algo hace.

Esa percepción de resguardo se ha revertido porque la población asocia a los agentes policiales con riesgos y amenazas. Te detiene un retén de la Policía Nacional Civil (PNC) en la carretera despoblada o en una calzada a cierta hora de la noche y lo primero que haces, por seguridad, es llamar a un familiar o amigo, o incluso a tu abogado. Ahora mismo circulan en Internet fotos tomadas con celulares de policías (patrulla 030 con jurisdicción en Escuintla, se lee en la pantalla) asaltando en un recodo de la cinta asfáltica a unos viajeros. Casos como ese abundan.

La saturación de efectivos es ineficaz por una razón: no hay inteligencia granulada sobre los delincuentes. Las autoridades reaccionan basadas en denuncias o en coberturas mediáticas. Envían patrullas a hacer acto de presencia sin instrucciones específicas; a veces inspeccionan transeúntes al azar y, de paso, recaudan fondos. Pero es solo cuestión de tiempo: los delincuentes controlan las rutinas de la ocupación policial o se desplazan temporalmente. Es obvio que no se puede ocupar todo el territorio todo el tiempo.

El ciclo de la inteligencia policial es alarmantemente débil. En parte porque no existe un órgano permanente y profesional responsable de la tarea. Pero suponiendo que, como dice la Ministra de Gobernación, para diciembre próximo ese aparato ya estará listo, nacerá con antenas cortas por la desconfianza de la gente hacia la PNC. La población es el factor básico, insustituible de información que nutre la inteligencia contra el crimen. Si la gente no confía, teme o desprecia a los policías, la capacidad de controlar el delito es cercana a cero. El uso de agentes encubiertos y otros medios técnicos de control, por su costo, no es de amplio espectro.

Muchos ven el problema del descrédito de la PNC en sus usuales prácticas corruptas. Pero hay otra razón nuclear que ordinariamente acompaña a la anterior: la violación de los derechos humanos.

Brutalidad, abusos y tratos inhumanos también alienan la autoridad. No es asunto de política correcta sino de sentido común al edificar políticas de seguridad sustentables: el delincuente no existe en el vacío social. La fórmula es conocida: corrupción + brutalidad = ineficacia. Para ejemplos de lo que no hay que hacer véanse Vielmann, Sperisen, Giammattei y ciertos mandos vigentes. Digo, con las políticas de mano dura resulta peor el remedio que la enfermedad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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