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Improvisar la seguridad
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 2 de julio de 2007

La seguridad es asunto de la Policía y el Ejército.

Los candidatos presidenciales han hecho comparecencias públicas para tratar algunos campos críticos del desarrollo. Los más activos promotores de esas charlas han sido los gremios empresariales y, a juzgar por lo que se lee en los diarios, sus líderes han salido satisfechos de las presentaciones. Lo dicho por los postulantes les parece razonable: no sale de sus esquemas ni contradice sus intereses. No hay amenaza a la vista.

No conozco, en el nutrido racimo de candidatos, una formulación política de conjunto que articule de forma coherente los eslabones clave del desarrollo. Los aspirantes hablan convencionalmente de la economía sin hincar el diente en sus significados políticos, y prometen inversión social sin la racionalidad de un modelo económico. Es la política del parche.

No quiero descartar que algún candidato tenga la claridad estratégica y voluntad para emprender un proyecto de reedificación estatal. Pero en tiempos de campaña es relevante saber comunicar para convencer. Y por ahora nadie ha conmovido al electorado. Son estas unas elecciones aburridas. Incluso, las refriegas retóricas entre algunos postulantes, parecen síntomas de anomia electoral.

Sin duda, el campo peor tratado es el de la seguridad pública, justamente el problema crónico más angustioso, que mantiene a la gente bajo asedio y en virtual toque de queda. La campaña debe servir para profundizar el debate democrático sobre cómo y con qué encarar esos demonios desatados de la violencia criminal. Pero las “soluciones” de los candidatos son francamente decepcionantes. Alguien “refrita” las “fuerzas combinadas”; otros evocan el paisaje saturado con tropas militares; hay quien quiere subir un soldado a cada autobús, subcontratar las policías privadas, asimilar la PNC al Ejército a fin de dotarla de disciplina y jerarquía…

¿Qué es todo eso? Lo impropio. Improvisación, no importa si los candidatos corren por segunda o tercera vez. Tampoco es asunto ideológico, de simpatía o antipatía hacia el Ejército. Es cuestión de funciones. El carpintero fabrica muebles y el sastre confecciona trajes. La seguridad pública es asunto de la Policía y la defensa nacional del Ejército. Si se trata de seguridad nacional, entonces integremos el sistema, que va más allá de los cuerpos armados. Confundir esos campos –y ceder funciones estratégicas a grupos privados que no rinden cuentas– nos ha llevado a esta inutilidad estatal.

Edificar las instituciones de la seguridad pública –la Policía y su inteligencia, los cuerpos centralizados contra el crimen organizado, etcétera– es la tarea irrenunciable, hasta ahora pospuesta. ¿Cómo?, ¿con qué?, ¿cuáles metas?, esas son materias del debate, y no reincidir en los atajos que nos dejaron extraviados durante el último medio siglo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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