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La CICIG y las gusaneras
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 6 de agosto de 2007

Ojalá estuvieran tan localizadas.

Las grandes decisiones políticas en nuestro medio son resultado, muchas veces, de detalles y accidentes. No reflejan sofisticadas estrategias o cálculos, ni modelos teóricos. Eso ocurrió en el Congreso con la aprobación del acuerdo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Ahora se abre el capítulo de las decisiones políticas menores y solo en apariencia menos trascendentes. Pero de esa carpintería fina va a depender, a fin de cuentas, lo que será la CICIG.

Hay dos pasos clave: 1) La selección del comisionado, responsable general de procurar los fines del ente, y 2) La interpretación del mandato, que se traducirá en un reglamento, un enfoque y una agenda.

El vicepresidente Eduardo Stein quiere acelerar esos pasos para dejar amarrada la CICIG; aunque por el calendario político que discurre, la oficina del Secretario General de la ONU podría ser prudente, consultar con Álvaro Colom y Otto Pérez, o esperar las definiciones electorales. El riesgo de amarrarle el paquete de la CICIG al próximo Gobierno, es de incompatibilidades. Por eso la transición puede ser una oportunidad para ganar equilibrios y un análisis comprehensivo del problema a enfrentar.

Un jefe de la CICIG condicionado por una sola fuerza política, se comprará de entrada un mandato débil. La excesiva confianza con ciertos actores locales es desventaja cuando compromete el plano profesional de la misión. Esa debería ser una lección aprendida de la Minugua. Jean Arnault, negociador, premiado como verificador, con una autonomía de vuelo limitada.

Y sobre la interpretación del mandato: ¿quién garantiza que la élite de las gusaneras están en la Policía, Migración y las cárceles? Ojalá fuera tan localizado el problema. El Ministerio Público, el Organismo Judicial y áreas de control militar en el Caribe, la costa sur y Petén, esconden otras gusaneras. Y las que conectan a los grandes capitales donde se hace el car wash de los negocios. O los grupos privados con aparatos propios de inteligencia y escuadroneros bajo su mando. Qué decir de las inusitadas alianzas de narcos y gente bien en el oriente y Petén. Las redes mafiosas de captura del Estado son extensas e intrincadas.

El abanico no se cierra sin considerar casos irresueltos de ejecuciones y desapariciones forzadas. Esa es la trascendencia que tiene la interpretación del mandato de la CICIG. Hay dos caminos: 1. El que propone Stein, que podría reducirse a que la Comisión ejecute la agenda de seguridad que el ex ministro Carlos Vielmann dejó en el arranque, y 2. Que a partir de un análisis profundo de las redes mafiosas –que hay de distinta clase y fachadas- apunte estratégicamente a desencadenar procesos reales que remuevan las gusaneras de los capo di tutti.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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