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Lo que develan las elecciones
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 17 de septiembre de 2007

Otra lectura para hurgar en nuestros miedos.

Lo más destacado de la jornada del 9 de septiembre fue, sin duda, la alta asistencia a las urnas, que rozó el 60 por ciento. A pesar de la mala opinión ciudadana sobre los políticos y los partidos, y en general la imagen decepcionante por los bajos rendimientos de la democracia, la gente votó. La descentralización de las mesas y la depuración (aunque a medias) del padrón electoral oxigenaron el sistema de elecciones.

El segundo dato notorio fue el respaldo abrumador que recibieron las ofertas conservadoras. Tomadas en conjunto –Partido Patriota, Gana, Casa, FRG, UCN, Unionistas– concentraron el 63 por ciento del total nacional de votos y el 75 por ciento en el departamento de Guatemala, cuyo peso electoral será decisivo en la segunda vuelta. Salvo Colom, quien se identifica como socialdemócrata, las izquierdas quedaron recluidas en la marginalidad.

La tercera información es que los procesos electorales, con creciente energía, tienen en el clientelismo y el marketing su motor de doble tracción. Son los dos lenguajes que dominan en las campañas, a falta de partidos con arraigo de masas y, por tanto, la brega entre poblaciones flotantes sin sentido de pertenencia partidaria; por el déficit de interpretación y de respuestas políticas al estado anímico de la sociedad, y dado el enorme hábitat de pobreza y necesidades que impone reglas brutales de supervivencia.

No obstante, quiero llamar la atención sobre el voto a Suger, que a mi manera de ver, más allá de su prestigio académico, es un voto con otra calidad. Él ganó adeptos –sobre todo después del foro de CNN– a medida que su lenguaje abierto liberó formas de pensamiento que anidan en varios sectores de la sociedad y que usualmente no se expresan en público, pues no son “políticamente correctos”.

Por ejemplo, su opinión sobre el rol doméstico de las mujeres y la manera como racionalizó sobre la condición subordinada de los pueblos indígenas.

No creo que en el corto plazo esa propuesta prenda en las mayorías. Lo notable es que en estas elecciones esa vena difusa, pero potente, se articuló en el debate político ganando carta de ciudadanía entre apreciable población joven. Aunque a algunos podría inquietarles esa subida ideológica, a mí me parece sano que se devele, pues hasta ahora la idea de construir un Estado multiétnico y pluricultural cabalgaba con vítores a los cuatro vientos, básicamente como agenda de la cooperación internacional, sin que el fardo de nuestra pesada historia se manifestara explícitamente.

En resumen, una lectura sociológica de los comportamientos electorales puede ayudarnos a entender mejor nuestros miedos: miedo a sufrir una agresión física, miedo a un futuro incierto, y miedo a los otros.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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