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Lo que ocultan las elecciones
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 20 de septiembre de 2007

Ese pequeño detalle.

La anatomía de las últimas elecciones, como escribí el lunes 17, ofrece materia a un sinfín de abordajes y un buen aprendizaje sobre qué sociedad política somos ahora, ante qué estímulos reaccionamos y cuáles miedos y aspiraciones expresamos. Sociólogos, psicólogos sociales, antropólogos y economistas pueden extraer –incluso más que los politólogos– un gran poder explicativo de ese fenómeno que es el proceso electoral aún en curso.

Ahora me interesa mostrar otro lado, que quizá no es oculto, o sea, no es acción deliberadamente secreta. No es noticia, ni llama la atención de los estudiosos.

Sabemos de las autoridades electorales, su trayectoria profesional y los estratos sociales de los que provienen. Son profesionistas de las clases medias urbanas y rurales. Su cuerpo técnico más o menos los refleja, como ocurre en casi todas las dependencias públicas con su burocracia permanente.
Por eso, desde hace cuatro años despertó mi curiosidad cómo se integran las juntas electorales, responsables de que los comicios se realicen localmente sin alteraciones y de levantar las actas.

Ordinariamente son seleccionados al azar, más libremente que en las encuestas. Son ciudadanos habilitados de estratos sociales disímiles. Ellos dan un servicio valioso y viven una experiencia que los hace crecer cívicamente. Pero esa vena variopinta de la representación social en delegaciones electorales se modificó, al menos, en el distrito central.

En 2003, en el acto de juramentación, concurrieron, desproporcionadamente, personas de la alta sociedad, conducidas en autos elegantes, acompañadas de sus atentos servicios de seguridad. Al finalizar la actividad, de manera inusual (extravagante), se convidó a champagne y caviar. Entonces me lo expliqué como resultado de su preocupación de resguardar el voto ante la amenaza que para ellos representaba la reelección del FRG. Por eso la autoridad electoral, al dar el resultado (“señores, la democracia se ha salvado”) recibió una ovación tan prolongada como electrizante en el centro de cómputo.

Esa misma intención vigilante la observé ahora en algunos centros de votación de la capital. Llamó mi atención que 1) algunos presidentes de mesas receptoras estaban cuidados por sus guardaespaldas, quienes proyectaban una imagen no muy amable a los votantes, y 2) los que dirigían los centros de votación conocían con familiaridad a los delegados. De ahí mi pregunta, ¿cómo se han convocado e integrado las juntas electorales en los distritos de mayor densidad en las últimas elecciones? Y es que el engranaje electoral –ese pequeño detalle– resulta tan importante que la respuesta debe ofrecer garantías de transparencia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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