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Logros del Gobierno
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 4 de octubre de 2007

Después de la reforma educativa y la transparencia, el tercer logro más importante del Gobierno, en el balance de Eduardo Stein, fue la “transformación del Estado”. “Logramos en términos institucionales replantear el funcionamiento del Estado, un Estado diseñado de manera autártica en cada uno de sus ministerios, en donde cuesta que cooperen entre sí a través de programas de terreno muy concreto, que juntaron los servicios de instituciones públicas”. (La Hora, 10/09/07).

El proceso que necesita el país es justamente el de edificar instituciones y ese tampoco, desafortunadamente, fue emprendido. Ha habido arquitecturas institucionales que operan coyunturalmente. Las coordinadoras interinstitucionales de los últimos gobiernos militares son un ejemplo. Otro, el esfuerzo conjunto emprendido en 2003 en torno a la agenda antinarcóticos –que incluso incorporó a organismos más allá del Gobierno central–, el cual conocí desde dentro porque me tocó coordinarlo en la Cancillería. Ahora podría ser –no lo sé– el programa Creciendo bien.

Si somos serios tenemos que admitir que en conjunto nuestras instituciones no están haciendo bien su trabajo. Cada Gobierno cuenta sus pequeños avances que el siguiente echa por la borda, y de acuerdo a sus circunstancias elige nuevas prioridades, que no va a ser las de la administración que le sucede, y así nos la pasamos. Cuando uno busca la explicación a esos desatinos –más allá de los partidos y poderes fácticos que gobiernan desde fuera las instituciones que les interesa– resulta que todavía los caminos llevan al funcionario político: las instituciones y sus burocracias solamente se acomodan, tratando de adivinar por dónde quiere ir el ministro o el secretario en cuestión.

No hay razón de Estado, por ejemplo, para que la agenda antinarcóticos se echara por la borda. No digo que el papel central sea del Ministerio de Relaciones Exteriores, sino de Gobernación. Como sea, y está a la vista, el país perdió demasiado al abandonar esa estrategia. Algo parecido, de menor alcance, ocurrió con la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS), que sustituyó al Estado Mayor Presidencial, y con la Secretaría de Análisis Estratégico (SAE), ambas de reciente edificación. No sé si fue incomprensión de los roles y procesos institucionales, incapacidad de los secretarios nombrados o, simplemente (que es muy común en los gobiernos), los funcionarios fueron a esos puestos a cualquier otra cosa, menos a desarrollar las capacidades institucionales y a hacer su trabajo como Dios manda.

En fin, en materia institucional seguimos en lo mismo. Afirmar que hubo un “rescate institucional” es otra enorme mentira. Los déficits institucionales más graves siguen en seguridad y desarrollo social, o sea, en las funciones elementales que justifican la existencia de un Estado.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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