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Dilema de la CICIG
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 18 de octubre de 2007

Lo que dice la experiencia de cooperación internacional en asuntos de seguridad es que no se pueden alcanzar dos objetivos a la vez. Para nuestro caso, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) está frente al dilema de: 1. investigar y enjuiciar redes mafiosas, o 2. fortalecer instituciones locales. Se hace una o la otra, dependiendo del diagnóstico de la situación, y se traza una estrategia comprehensiva.

A la comunidad internacional que discute ahora esos asuntos le preocupa que al cabo de dos o cuatro años de trabajo de la CICIG todo siga igual en las instituciones de seguridad, y que su dinero, como tantas veces ha ocurrido, se vaya a un costal roto. Por eso, supongo, es la disposición del jefe del Ministerio Público (MP), Juan Luis Florido, de contribuir con fiscales y pedir presupuesto al Congreso, pero en un sentido curiosamente inverso. Pareciera que al introducir a sus fiscales y ofrecer oficinas en el edificio del MP Florido quiere tener un pie dentro de la CICIG.

Si el MP fuera una institución solvente nadie se habría molestado de montar una CICIG. Pero ocurre que el MP es la institución más gravemente infiltrada por las mafias. Y Florido, desafortunadamente, tampoco es solvente. En 1999 realicé una investigación académica sobre redes ilegales, y uno de los hallazgos fue que en el MP operaba la Oficinita, un aparato inexistente en el organigrama que constituía el verdadero centro de mando en la institución. Estaba formado por fiscales, abogados, militares de baja y de alta (en casos como el de Gerardi y Ordóñez Porta) e investigadores con la misión efectiva de desviar pesquisas, romper cadenas de custodia, alterar escenas del crimen, sembrar pruebas y hostigar testigos, o sea, asegurar la impunidad de los responsables. Eso lo publiqué hace ocho años en elPeriódico. En ese entonces, Florido era asesor de la Oficinita.

El MP está capturado por poderes fácticos, de cuellos blancos y percudidos. Ahí se localiza el corazón de la impunidad. La misión de la CICIG es romper ese núcleo duro de impunidad. ¿Cómo lo hace? ¿Entrando al pantanoso terreno de las infiltraciones mutuas con el MP? Para asumir ese juego arriesgado el próximo Gobierno deberá nombrar otro fiscal general autónomo de los poderes fácticos, de manera que la “cabeza de playa” de la CICIG esté garantizada, al menos en el plano político.

Si ese no es el caso la CICIG deberá prever una ruta crítica en la que, al menos durante una primera etapa de dos años, tendrá que perseguir el primer objetivo de investigar y llevar a juicio a ciertos capos, y solo hasta cuando posea una estructura institucional no porosa y de alto rendimiento integrada por profesionales guatemaltecos, podrá pensar en el indispensable propósito de contribuir a edificar un nuevo MP. Desde luego, si y solo si las condiciones políticas son propicias. O se hacen propicias a fuerza de presión.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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