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La misión histórica de Obama
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 1 de septiembre de 2008

Si Barak Obama llega a la Casa Blanca, EE.UU. estará en mejores condiciones de administrar la actual etapa mundial de “no polaridad”. Es mi conclusión tras oír su discurso en la Convención Demócrata el pasado día 28. La arquitectura testimonial y discursiva del “cambio” que él sugiere conecta con ese escenario: sus raíces en parte africanas, el modelo económico y social que dibuja (nutrido de una matriz energética que en una década debería romper la dependencia petrolera) y su enfoque de la política exterior incluyendo la amenaza terrorista.

Tras el breve periodo (15-20 años) de unipolaridad en el que EE.UU. ejerció como “la” superpotencia, estamos en la “no polaridad”, lo que significa que el mundo está dominado por distintos tipos de poderes. ¿Cuáles? Aquellos que controlan todo lo que, a una velocidad inusitada y en grandes volúmenes, traspasa fronteras: personas, bienes, dinero, drogas, armas, información, imágenes, mails, etcétera. Y al hacer el recuento de esos poderes hay que incorporar cada vez a más potencias y a muchos actores no estatales: desde corporaciones, medios de comunicación, las ONG y movimientos religiosos, hasta mafias y terroristas, además de organismos multinacionales deliberativos y funcionales en todos los campos.

Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations, lo dice de una manera ilustrativa: “Los Estados –sin control transfronterizo– están siendo desafiados desde arriba, por organizaciones globales y regionales; desde abajo, por milicias; y a los costados, por una diversidad de organizaciones no gubernamentales y corporaciones. El poder ahora se encuentra en muchas manos y en muchos sitios.”

Ciertamente hay una mayor interdependencia económica que motiva a los Estados a impulsar políticas pragmáticas y circunstanciales, pero el orden no está garantizado. Al contrario, con el tiempo crece el riesgo de inestabilidad y oscurantismo. A los Estados, guiados por una racionalidad global, toca conducir la transición mundial hacia la multipolaridad, es decir, la arquitectura global basada en varios polos de poder estatales. A pesar de que la voluntad de EE.UU. ya no será decisiva ni siquiera en el plano donde más ventajas tiene, el militar, es la nación que concentrará el mayor poder relativo en los próximos 20 años. Hasta ahora EE.UU. posee la capacidad de liderar un proceso ordenado hacia la multipolaridad y Obama expresa el entendimiento de esa necesidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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