Volver a la economía real
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 27 de noviembre de 2008
Este año el mundo le dice adiós al neoliberalismo. No es un adiós nostálgico ni apacible, es estridente. Han quedado demasiados platos sucios y rotos, y la angustia invade todas las economías. EE.UU. sigue ampliando el salvataje hacia los bancos, y el G-20 ha dicho que la próxima arquitectura financiera internacional debe modelarse bajo dos principios: regulación y transparencia, o sea, al contrario a como se hicieron las cosas durante las últimas tres décadas.
Como siempre ocurre con el fin de una época, está más claro lo que muere y siempre es confuso explicar lo que comienza a nacer. Muere la idea –jamás demostrada– de que los mercados son capaces de regularse a sí mismos. En cambio los hechos le están dando la razón al viejo maestro Paul Samuelson: los mercados son indispensables, pero los mercados no regulados acaban en implosión. Y por las enormes brechas de desigualdad social, ampliadas durante el período neoliberal, también es seria la duda sobre que los mercados por sí mismos asignan los recursos eficientemente y sirven al interés general.
No es una crisis del capitalismo, nos dice la mayoría de expertos, sino de su particular gestión neoliberal, implantada con energía de fundamento económico, y aplicada como contraparte natural de la democracia en el mundo occidental, justamente cuando ese paradigma económico debilitaba la institucionalidad del Estado y la construcción ciudadana. Pero también es una crisis de la globalización y de la adaptación tecnológica a las operaciones financieras.
Ahora bien, sobre la profundidad de la crisis nadie se anima todavía a diagnosticar. Sobre EE.UU. sabemos que su deuda es colosal, que su productividad ha sido crónicamente baja en estos 30 años y que básicamente ha vivido del crédito fácil y el consumo de importaciones baratas. Sabemos que el mundo desarrollado está transitando hacia la recesión con graves amenazas de alto desempleo. También que, inevitablemente, la crisis comenzó a golpearnos y, que el debate interno sobre el camino a seguir es demasiado incipiente.
Al menos los industriales han fijado públicamente una posición (elPeriódico 26/11/08) que me parece la más razonable y un buen punto de partida: hacer accesible el crédito, promover alianzas público-privadas y reanimar el mercado interno. Es decir, 1) apostarle a lo que nunca tuvimos que haber perdido de vista: la economía real; y 2) no dejarse abatir por la depresión, hay que romper la ortodoxia.
Fuente: www.elperiodico.com.gt
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