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Degradación de la política
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 8 de marzo de 2010

Este es un momento interesante por esa convergencia momentánea en que los tradicionales líderes, directores de orquesta –los políticos- viven incómodamente un exilio interno. Son rehenes en unos castillos de cristal que son ahora los parlamentos y las casas de Gobierno. Si hacen las cosas que les dictan, los dejarán estar, los van a tolerar. Los mastican, aunque no los traguen. Pero si insinúan salirse del guión, les cae el garrote inmisericorde.

Hay una política preventiva para que el partido no organice ni recupere la organización social, el imaginario perdido. Y si los políticos se revelan les cae la sentencia mediática, que resulta un brazo más poderoso e implacable que la propia justicia republicana.

George Orwell hablaba en su célebre novela “1984” del gran Ministerio de la Información que lo controlaba todo. En parte se cumplió su designio, pues ese Ministerio existe pero está fuera del aparato del Estado. Está organizado, dirigido y graduado por corporaciones gigantescas y globales. Ofrece premios y da castigos. Absuelve o condena. Lo cual trae a la memoria el “síndrome del cuarto oscuro”, un método de tortura aplicado por las dictaduras militares en Latinoamérica.

Con esto quiero decir que lo que ahora llamamos democracia, puede que en realidad sea otra forma de dictadura, porque expresa a su vez una forma desequilibrada de relación de poder, donde el poder más fuerte es un poder fáctico, no necesariamente democrático, aunque adquirió vigor y supo florecer en la democracia.

Los partidos políticos tienen que volver a pensar antológicamente. Se organizan, ¿para qué? Decíamos en el siglo pasado: nos organizamos para, con el apoyo de las mayorías, tomar el poder del Estado y desde ahí transformar, preservar, perfeccionar o profundizar un orden social, según fuese el caso. Pero ahora se organizan y les dan el guión. Los meten o los sacan de escena a ciencia y paciencia de una voluntad popular mediatizada.

Esto es degradación de la política, esto es pérdida de dignidad de los partidos. ¿Está resultando esta forma de democracia, como hoy la conocemos, una perfecta carcelera de la política? Lo descrito está ocurriendo justamente cuando hemos proclamado que, salvo un país de nuestro hemisferio, todos estamos en el mismo viaje de la democracia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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