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La poesía se embriaga en El Olvido
Por Eduardo García - Guatemala, 6 de marzo de 2005

En el olvido, un bar en la frontera entre las zonas 1 y 3 de la ciudad capital, se recuerda cada mes la obra del poeta roberto monzón. Las noches se desbordan de música, cerveza y de "la única prueba concreta de la existencia del hombre": La poesía.

Es una ironía. Parece que todo el mundo ha olvidado cuánto tiempo tiene el bar El Olvido.

"Cuando yo le pregunté a la Doña cuánto tiempo tenía, me dijo que cuando ella lo compró ya era viejo", explica Simón Pedroza, un asiduo del bar y de la poesía.

La Doña, doña Elsa, una mujer de cansada belleza, y el pelo blanco, recogido, parece incapaz de estimar la edad de esta cantina. "A ver... cuando el terremoto yo tenía siete años de estar acá, o sea, hace unos 35 años que yo llevo el bar. Sé que la persona anterior lo tuvo 13 años; entonces ya se llamaba El Olvido, pero antes hubo otra señora que lo llevaba, y se llamaba el Gallogiro... digo yo que tendrá más o menos 70 años, pero no sabría decirle."

Tenga la edad que tenga, lo cierto es que El Olvido es un lugar que provoca, que inspira, que seduce, que hechiza...

Uno de los aspectos más peculiares de este sitio es su decoración. Caótica, kitsch, irreverente, surrealista... es única. No hay una temática clara. Hay lugar para equipos de futbol, de Brasil o Alemania, para un altarcito a la virgen de Guadalupe, un retrato de un enorme gato blanco de ojos brillantísimos, la foto de una señorita ligera de ropa que recuerda a Demi Moore, pero que otros aseguran es una cantante mexicana; una foto de Roberto Carlos en sus años mozos, otra de Pedro Infante, un dibujo de Cantinflas... "Sí, sí me gustaría seguir decorándolo", dice la Doña mientras gira la cabeza y observa las paredes atiborradas de fotografías incoherentes, "pero como es tan pequeño, pues ni modo".

Para recordar al poeta
Las mesas del bar comienzan a poblarse, como todos los últimos viernes de cada mes, con los poetas del grupo Folio 114 (vea El cuadernillo de los poetas). Ellos se reúnen aquí para rendirle homenaje al guatemalteco Roberto Monzón (1953-1992), poeta urbano, marginal y "maldito".

Monzón solía frecuentar El Olvido y otras cantinas de esta zona a la que a finales de los 70 y principios de los 80 se le conocía como la Sierra Maestra. Y fue en uno de estos bares donde encontró su muerte en el año 92.

"Tuvo una muerte trágica, de poeta", cuenta Pedroza, antes de explicar que Monzón fue vapuleado por un grupo de jóvenes en un bar, y luego enviado al hospital donde agarró un "frasco de alcohol cualquiera" y lo ingirió hasta acabar con su vida.

"Roberto Monzón era un escritor compulsivo; su cuerpo entero tenía la forma de un poema andante que cercaba el horror, el dogmatismo y la frivolidad con enormes pies descalzos y reclamos imperecederos de honestidad", dice el cineasta Sergio Valdés Pedroni, un visitante habitual de El Olvido, amigo del poeta y heredero de su obra. "Era un tipo que disfrutaba el destino de la tragedia; él decía que sus poemas eran pequeñas tragedias cotidianas. La poesía de Monzón es patrimonio colectivo, y el mejor homenaje que podemos hacer por la memoria, en contra del olvido, es leer a Monzón", enfatiza. Y los jóvenes poetas están de acuerdo, por eso en sus reuniones lo esencial es la lectura de poesía, lubricada con cerveza y canciones que escupen las entrañas de una rocola.
La poesía está ebria

"N-4, N-4, N-4", grita alguien desde la esquina. Sólo los habituales de El Olvido saben el significado de esta combinación de dos dígitos; y es que si uno de los clientes presiona la N y el 4 de la rocola ancestral bajo la foto del cantante brasileño, el brazo metálico de ésta agarrará un vinilo de José Feliciano y la Copa Rota empezará a sonar.

"Un día llegamos y la rocola no funcionaba", cuenta Pedroza como si se estuviera lamentando por un desastre de proporciones gigantescas, "y la seño estaba gritando 'esta pérfida, que no quiere tocar discos'". Desde ese día, a la rocola, entre los poetas, se le conoce por el sobrenombre de la pérfida.

El repertorio de la pérfida es reducido, pero lo que está claro es que si alguien deja caer un quetzalito sonará una canción que es parte de la memoria histórica de varias generaciones de chapines. Están Gardel, Cuco Sánchez, los Tigres del Norte...

Después de la canción, Pedroza, Alejandra Hidalgo, Rosa María Chavéz, Leonel Juracán, Alex Luna, José Fernández, o cualquiera de los otros poetas leerán algunos de sus versos; quizás sobre la ciudad, sobre la angustia, sobre la nostalgia, sobre la armonía imposible, o como decía Monzón, sobre "la insondable interrogación del hombre".

Si las líneas que los poetas leen en El Olvido no salen de sus cuadernos, pueden venir de los libros que circulan entre las manos de los integrantes del grupo. La mayoría de sus autores de referencia son poetas "estigmatizados", dice Juracán, como la poetisa palestina Salma Rossie, el californiano Bukowski, el francés Charles Baudelaire, la argentina Alejandra Pizarnik, el salvadoreño Roque Daltón, o los guatemaltecos Luis de Lión, Isabel de los Ángeles Ruano, Raúl Nájera, y por su puesto, Roberto Monzón.

En las noches cuando se celebra a Monzón, los poetas leen versos, escuchan las canciones que escupe la pérfida y beben sobre las mesas de fórmica, hasta que la Doña decide que ha llegado la hora de ponerle fin a esa obscena espiral de alcohol, poesía y música.

La Doña afirma con solidez que los poetas son "calidad", pero a eso de las ocho o las nueve siempre les está mostrando la puerta. "Aunque haya gente acá, yo a las 8:30 cierro", dice, antes de admitir que la inseguridad de esta área, a escasas cuadras de El Gallito, le preocupa.

Así que después de casi tres horas los poetas abandonan El Olvido. Deambulando bajo la escasa luz de las farolas, en busca de las "legendarias hamburguesas de la Avenida Elena", parece que los poetas están tomados.

Pero "No", asegura Pedroza, "nosotros no estamos borrachos; es la poesía la que está ebria".

En las noches cuando se celebra a Monzón, los poetas leen versos, escuchan las canciones que escupe "la pérfida" y beben sobre las mesas de fórmica, hasta que la Doña decide que ha llegado la hora de ponerle fin a esa obscena espiral de alcohol, poesía y música.

El cuadernillo de los poetas
Por el taller del grupo de poesía Folio 114, que se imparte de forma intermitente en el Centro Cultural Metropolitano, han pasado con cierta regularidad unos 70 poetas.

"Bueno, no todos son propiamente poetas", explica Simón Pedroza, uno de sus fundadores. "Es gente que destaca por su multidisciplinariedad, gente del teatro, de las artes plásticas, de la música... Por eso hay una idea de mezclar la poesía con otras artes". De acuerdo con sus integrantes, esa mezcla es la esencia misma del grupo. Pedroza y Leonel Alfonso Juracán definen Folio 114 como "un espacio de intercambio".

Las actividades del grupo se extienden a Comalapa, San Pedro La Laguna, la Antigua, y Nebaj, donde han realizado talleres de poesía. Además, han organizado cuatro festivales regionales de poesía, Kadejo en 2002, Barrilete en 2003 e Industrial en 2004.
Próxima fecha en el Olvido

El viernes 18 de marzo, a las seis de la tarde, en El Olvido, la poesía de Roberto Monzón, quien falleció exactamente un Viernes de Dolores, será recordada una vez más. El bar está ubicado en la Avenida Centroamérica B, entre 15 calle y 15 calle A, zona 1.

EL GLOBO
Se bebe turbio miedo, se come negro
bistec carbonizado / Un trago
de licor turbio fermenta
la saliva entre la boca.
Es vacua plenitud atragantada
una mordida en blanco / como un globo /
lleno de nada y transparente nada.
Ciudadando laberintos


GAJES DEL OFICIO
Y tengo que escribir, es ya lo único
que me queda, tengo que hacerlo
porque si no estoy muerto
y muertos los demás y todo el mundo
a costa de mi silencio.
Así que pónganse las pilas:
hay que darme de escribir
para que viva
porque si no están muertos
y muerto lo demás y todo el mundo
a costa de mi silencio.
Dame más tiempo vida


COMO EL RUMOR DEL LLANTO
hay un viento líquido y espero
morir enloquecido
regado en una calle
hasta licuarme riachuelo
buscando océanos
en el tragante y ahogar
impulsos de sol en la garganta
enmudecida
de mis campanas roncas
-púrpura de la vida
embriagadora farsa-
Dame más tiempo vida
Roberto Monzón

Fuente: de www.sigloxxi.com - Magazine 21


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