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La izquierda pírrica
Por Enrique Gomáriz Moraga* - Guatemala, 26 de noviembre de 2007

La izquierda tradicional en Guatemala parece tenazmente empeñada en dejar de tener alguna relevancia en el escenario político actual. Severamente derrotada hasta casi desaparecer en la primera vuelta electoral, llamando a la abstención ante la segunda vuelta, decide ahora autoexcluirse de la corriente principal de los acontecimientos. Todo un record de incidencia política.

Pero tal vez no sea eso lo más grave. Quizás lo más penoso es que lo hace sobre la base del convencimiento de que eso la autentifica como la verdadera izquierda. Cuando lo que le está sucediendo es que su numantinismo le está haciendo perder progresivamente esa calidad. En efecto, cuanto más se atrinchera, menos capacidad emancipadora le queda, que es la principal seña de identidad de la izquierda.

Su discurso ante la formación del gobierno de Álvaro Colom sigue siendo una proyección de sus viejas telarañas ideológicas. Incluso si para no perder la sensación de que se mueven (aunque sigan en la bicicleta fija), ahora llaman a desarrollar una alternativa democrática que ejerza de contrapeso (sic) del gobierno derechista de la UNE. Todo parece indicar que su pérdida de realidad avanza severamente.

En primer lugar, esa izquierda debe resolver una asignatura pendiente: reconocer que el centro izquierda es también parte de la izquierda; que el socialismo democrático es de izquierdas y que la izquierda democrática es hoy la verdadera izquierda. Si llegara a esa conclusión estaría más cerca de captar el valor de una fuerza política que se reclama socialdemócrata (y ha conseguido engañar al respecto a toda la prensa internacional, a la Internacional Socialista y a diversos medios políticos latinoamericanos). Sólo la vieja izquierda guatemalteca sabe perfectamente que eso es un completo engaño.

Pero aceptemos por un momento que esa desconfianza está justificada y que Colom y la UNE no pueden caracterizarse como socialdemócratas a cabalidad. Sin embargo, resulta un síndrome de negación no admitir que se trata de una fuerza política progresista, que puede representar un proyecto de cambio en Guatemala. En realidad, la tesis de que Colom y Perez Molina representan prácticamente lo mismo, muestra una pérdida dolorosa de capacidad de discriminación, si es que no se trata de un retorno a las viejas tesis de la III Internacional de que socialdemocracia y nazismo eran prácticamente la misma cosa.

Una izquierda que no aprende de la historia no merece tal nombre. Y eso se traduce en la Guatemala de hoy en una estrategia de acumulación de fuerzas, que pasa por dar un apoyo crítico al proyecto político de Álvaro Colom. No se trata de entrar en la UNE, ni de tácticas “chambistas” u otras artimañas inconfesables. Pero tampoco se trata de insistir en la tozudez de la negación, sino de pisar la huella de sus pasos, empujando su avance e impidiendo los posibles giros a la derecha. Esa es la estrategia política que tiene una perspectiva de país y que esta dispuesta a jugar, en la medida de su capacidad, en la corriente principal de los acontecimientos.

Ello no tiene que significar pecar de ingenuos o de optimistas. No hay ninguna duda de que, más temprano que tarde, Colom y su gobierno se enfrenarán a una disyuntiva: tratar de poner en práctica su programa y entrar así en un conflicto estratégico con la derecha, o bien, golpeado y maltrecho, comerse su programa con todo y papas. La historia reciente no permite grandes expectativas optimistas. Pero, precisamente por eso, es que hay que prepararse para apoyar a Colom frente a la derecha montaraz guatemalteca. Claro, siempre es posible una posición cínica: como es probable que la cosa se complique para el Gobierno entrante, entonces ya, por anticipado, comenzamos a hablar de traición y abandono del programa. Con lo cual siempre se acierta: profecía autocumplida.

Ahora bien, si se quiere adoptar una estrategia verdaderamente de izquierda, hay que estar derechamente dispuestos a apoyar al gobierno cuando de pasos a favor del cambio social y a criticarlo cuando no lo haga o retroceda abiertamente. Desde luego, siempre queda la posibilidad de continuar con pequeñas batallas intestinas, desatando enormes tormentas en un vaso de agua o iniciando grandes batallas ideológicas estratosféricas. Incluso es posible que así sea posible cosechar de vez en cuando alguna que otra victoria pírrica. Pero por ese camino, la izquierda perderá su capacidad de contribuir a mejorar la vida de la gente; es decir, estará perdiendo su condición de izquierda.

* Profesor invitado de FLACSO Guatemala

www.albedrio.org


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