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Izquierda y Derechos Humanos
Por Enrique Gomáriz Moraga - Guatemala, Guatemala, 11 de diciembre de 2007

La celebración del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) es una buena oportunidad para que la izquierda reflexione sobre su relación con dicha Declaración, que, en el fondo, es también una reflexión sobre si misma.

Como lo afirma la Secretaría General de Naciones Unidas, esta declaración sigue más viva que nunca por dos razones: en primer lugar, porque es una conquista patrimonio de toda la humanidad, que sustenta la inherente dignidad e igualdad de todos los seres humanos, y, en segundo lugar, porque todavía es necesario luchar por que su aplicación se extienda realmente al conjunto de la humanidad.

Sin embargo, una parte de la izquierda ha tenido una relación ambigua con esta declaración. Como con la democracia representativa, la izquierda ha dado con frecuencia a la DUDH un valor instrumental mucho más que sustantivo. Para muchos, esta declaración era un instrumento jurídico democrático-burgués, muy útil cuando se está a la defensiva, es decir, frente a las dictaduras represivas, pero que podría colocarse en un discreto rincón cuando se avanzaba en un proceso revolucionario. Es decir, no tiene un valor sustantivo en cualquier momento.

En realidad, la izquierda ha tenido problemas con los valores cuando estos se convierten en universales. No puede aceptar que puedan existir valores que sean aceptables para todos, independientemente de su orientación política. En el momento que un valor se hace universalmente aceptado, pierde su valor sustantivo para un sector de la izquierda, incluso si (como sucedió con la DUDH) la izquierda participó activamente en el proceso que hizo ese valor patrimonio de toda la humanidad. Presa en una visión de clase de naturaleza excluyente, está convencida de que, si un valor se universaliza, eso significa que no es puramente revolucionario u obrero y que, si hay personas de derecha que lo apoyan, eso le otorga un contenido multiclasista, que, a poco andar, se convierte en burgués.

A excepción quizás de Gramci, que se separó de la estrategia leninista imperante en su tiempo, la izquierda no ha entendido muy bien que podría tener éxito en establecer un valor o condición para toda la humanidad, sin necesidad de erradicar la fuerza política contrincante. Pues bien, ahí esta la clave del cambio radical en su estrategia política desde la perspectiva de la izquierda democrática: el poder de clase de la derecha social puede debilitarse mediante valores y condiciones impulsadas por la izquierda y otros sectores progresistas, precisamente cuando se convierten en universales.

Es importante consignar que la democracia representativa es la encarnación de la DUDH como sistema político. Al respecto, la izquierda sólo tiene dos caminos si quiere ser coherente: o niega esta evidencia, algo que insulta la inteligencia, o concluye que la DUDH es también un instrumento democrático-burgués (que es lo que han decidido muchos).

De hecho, la democracia representativa basada en el sufragio universal es en buena medida una conquista del movimiento obrero, pero en el mismo momento que se hizo una condición universal, un sector de la izquierda decidió restarle valor sustantivo, lo que le permitió sustituirla por una democracia indirecta (pirámide de consejos y partido único) que lesiona la mayor parte de la DUDH. Esa experiencia dramática, que signó el siglo XX, debería ser suficientemente ilustrativa para toda la izquierda en el mundo. Lamentablemente, no ha sido sino muy lentamente que eso está siendo aceptado y por ello todavía sigue habiendo sectores que se reclaman de izquierda, que siguen repitiendo las viejas consignas sectarias.

La izquierda democrática es la primera defensora de la DUDH, por su carácter sustantivo y como patrimonio de toda la humanidad. Y debe ser la vanguardia en la lucha por extender su aplicación en todos los países y para todos los seres humanos.

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