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Relatoras van y relatoras vienen
Por Edith González - Guatemala, 8 de octubre de 2004

… Y siguen matando mujeres

Este año las celebraciones por las fiestas patrias del 183 aniversario se vieron reforzadas por la visita de la relatora Especial Para la Mujer de la Organización de Estados Americanos, Susana Villarán, quien llega a Guatemala a sólo 7 meses de haber arribado la relatora Especial para la Mujer de la Organización de Naciones Unidas, Yakín Ertürk en febrero y quien denunció para ese entonces el asesinato de 28 mujeres en el año.

Lástima que su presencia en nuestro país no necesariamente sea algo que nos llena de orgullo, no por sus personas, sino por el motivo que les trajo hasta acá. El asesinato de mujeres, calificado por Villarán de "alarmante". Y quien informó que sumaban ya 352 en este año.

Para muchas personas, hombres y mujeres, "alarmante" no es el término correcto para referirse a los asesinatos de mujeres en nuestro país. Muchos consideran que siendo las mujeres el 51 por ciento de la población, igual "pueden o deben" ocupar ese porcentaje en cuanto a muerte por asesinato. Lo que justifican en "el deseo de la mujer de ser igual al hombre".

El riesgo de sufrir un accidente al desempeñar una profesión y oficio fuera de las cuatro paredes de la casa, en donde hasta hace pocos años era el único espacio destinado a las mujeres, se puede entender como igual, para hombres y mujeres, pero no es en ningún caso una medida para justificar los 352 asesinatos, especialmente porque por sobre los altos índices de violencia y delincuencia en que vivimos, los asesinatos de mujeres llevan una marcada carga machista con signos y símbolos de poder.

Mujeres de todas edades son ultrajadas y golpeadas con saña y tan salvajemente que ello sólo puede ser producto de una malformación social. Un cambio de valores, cuyo resultado es el irrespeto por la vida y las ansías de demostrar superioridad.

Situación que a diario se ve reforzada por comerciales, programas de televisión, chistes, comentarios, artículos de prensa y hasta por los mismos docentes, sin que el sistema educativo reaccione y busque la manera de detener y reeducar las conductas que propician estas actitudes.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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