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Elogio a la derecha
Por Eugenio Incer - Guatemala, 12 de octubre de 2007

…De tres hermanos el más grande se fue Por la vereda a descubrir y a fundar Y para nunca equivocarse o errar Iba despierto y bien atento a cuanto iba a pisar…
De tres hermanos el de en medio se fue Por la vereda a descubrir y a fundar Y para nunca equivocarse o errar Iba despierto y bien atento al horizonte igual…
De tres hermanos el pequeño partió Por la vereda a descubrir y a fundar Y para nunca equivocarse o errar Una pupila llevaba arriba y la otra en el andar…
Las distintas reacciones e interpretaciones de los resultados electorales obtenidos el 9 de septiembre me han motivado a escribir este artículo que intenta explorar las razones que nos aproximan a entender por qué durante seis eventos electorales la población indígena y campesina ha elegido autoridades locales y nacionales con posiciones políticas marcadamente de derecha. Es más, en las elecciones de 1999 y en 2007 votaron por partidos encabezados por militares que ejercieron altos cargos dentro del ejército en la época más sangrienta del conflicto armado interno.

Un día de estos escuché la fabula de los tres hermanos cantada por su autor Silvio Rodríguez y creo haber encontrado algunas claves que me permiten entender la capacidad que ha tenido la derecha por conservar el status quo. Desde el punto de vista del poder, la canción ilustra que camina más, aquél que tiene mayor capacidad para utilizar los recursos simbólicos, políticos y económicos. De esa manera se logra consolidar un proyecto económico y político que naturaliza la muerte y la sobrevivencia y que ha convertido la política en un lugar excepcional para el enriquecimiento rápido.

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, con su corta visión: Ojo que no mira más allá, no ayuda al pie.
Para quienes sufrieron en carne propia la represión y las campañas de tierra arrasada no les resulta extraño el nombre Kaibil. El nombre hace referencia a un personaje de la monarquía Mam que nunca pudo ser capturado por el ejército español, mostrando una gran capacidad para eludir al enemigo. Con excepción de Guatemala, ningún ejército centroamericano logró crear una fuerza especial con una capacidad operativa eficaz y altamente destructora de las fuerzas enemigas (léase con alta capacidad para matar). Los Kaibiles, fuerza elite del ejército guatemalteco reconocida a nivel mundial, contribuyeron significativamente a producir y reproducir la lógica del miedo. En mi opinión, en el abanico de “tecnologías de poder” utilizadas por la derecha, el miedo ocupa un lugar destacado. Como dice el investigador de AVANCSO Juan Carlos Mazariegos, el ejército guatemalteco se atribuyó el poder soberano de decidir la vida y la muerte de miles de indígenas y campesinos. Pero además, la tierra arrasada y fusiles y fríjoles no sólo representó muerte y sobreviviencia material sino que también inyectó la bacteria del miedo, presente hoy en día en cada evento electoral bajo formas diversas e inimaginables. Sí esta claro que ahora el miedo no aparece bajo la forma de la bota y el fusil, más bien aparece como rumores que amenazan e intimidan a la población prometiendo negar o conceder fertilizantes, láminas, bolsas pecuarias. Son las voces de dirigentes locales que se han aliado con la derecha.

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, a donde no llegó: Ojo que no mira más acá tampoco fue.
A principios de la década del 2000 se desplomaron los precios del café. Aumentó el desempleo, disminuyeron los ingresos, aumentó la migración. Se restringió el consumo. Decir que el consumo se restringió en las áreas rurales es hablar de hambre, de abandono de la escuela, de enfermedades y muerte. En ese marco, Portillo hizo una oferta perversa: prometió reconocer monetariamente el tiempo forzoso dedicado a la seguridad de la comunidad. La promesa abrió heridas en un tejido lastimado por la guerra y la sobrevivencia. En un ambiente de desolación, de crisis, la oferta de Portillo representó un resorte movilizador impresionante. En los siguientes eventos electorales esta promesa se ha convertido en una divisa muy redituable si se mide en número de votos. Con esta certeza, hace unos días el ex -fundador de la escuela de los Kaibiles y candidato a la presidencia, Otto Pérez Molina, pronunció en Nebaj, región donde la tragedia de la pobreza y las secuelas de guerra se respiran en cada casa, su compromiso con las Patrullas y con el programa de Resarcimiento. Dijo que pagará “hasta el último centavo de los dos programas que se derivaron del enfrentamiento armado”. Mientras tanto, las organizaciones sociales, muchas de ellas autoproclamadas de izquierda y revolucionarias no supieron articular ninguna iniciativa para afrontar la crisis del café. El único esfuerzo multisectorial que se hizo fue altamente cuestionado, calificándolo como un programa asistencialista.

Una pupila llevaba arriba y la otra en el andar: Y caminó vereda adentro el que más ojo en camino y ojo en lo porvenir.
Una vez escuché decir que la derecha guatemalteca era de las más primitivas del planeta. La base para hacer esta afirmación se sustentaba en su baja capacidad para pagar impuestos y su sociedad con los militares. Cuando leo las columnas de opinión de sus más prominentes dirigentes le concedo cierto grado de validez a esa afirmación. Sin embargo, durante estos veintidós años de construcción democrática han exhibido una alta habilidad política para defender y reproducir este sistema social basado en la muerte y la sobrevivencia. Baso esta afirmación en algunos hechos que no pueden pasar inadvertidos. Han elaborado propuestas utilizando nuevamente el imaginario indígena (Kab´awil: Propuesta de Política Agraria de la Cámara del Agro y Consejo Agroindustrial) . Alientan movimientos cívicos como Guateámala que nos tocan por el lado de los afectos, uno de los lugares más significativos de la dimensión humana. Crean fundaciones asistencialistas, con propósitos poco transparentes pero aglutinadores. Promueven alianzas políticas con actores diversos y naturalizan una vergonzante estructura desigual en la distribución de los beneficios del crecimiento económico. La derecha guatemalteca navegó las aguas turbulentas de la guerra y ahora ha sabido navegar las aguas mansas de la paz. Utiliza al Estado con una habilidad envidiable. Trastoca y resignifica la capacidad soberana del Estado y lo convierte en instrumento para comprar voluntades.

Guatemala, 4 de octubre del 2007

Fuente: Enviado a la redacción por el correo electrónico. Ref. Área de Estudios sobre Campesinado - AVANCSO - 051007


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