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Las "maras" que yo conocí
Por Miguel López Corral - Guatemala, 27 de septiembre de 2005

¿COMO ES posible que tres jóvenes de una banda rival entren en un centro de menores y asesinen a 12 de una banda enemiga? Pues es posible en Guatemala. El capitán Miguel López Corral escribe su experiencia allí.

Los Acuerdos de Paz se firmaron en 1996, pero es como si la guerra civil no hubiese terminado en Guatemala. La sensación traumática de la población es la misma y el número de muertos en las calles es más elevado ahora que en los años más duros del conflicto.

Cada día los ciudadanos amanecen sobrecogidos por las noticias que informan de nuevos casos de mujeres asesinadas o de una balacera más, un tiroteo entre maras rivales como el del pasado lunes [Tres miembros de la Mara Salvatrucha irrumpieron en un centro de menores de la localidad de San José Pinula, cerca de la capital, y mataron a 12 miembros de la enemiga Mara 18. Dos de ellos fueron degollados y sus cabezas separadas varios metros de sus cuerpos.Desde el pasado 15 de agosto han muerto 53 pandilleros en enfrentamientos dentro de cárceles y centros de menores].

La vida allí no tiene mucho valor. Que alguien descerraje un tiro en la cabeza a otro es habitual y la sociedad empieza a verlo con naturalidad. Es frecuente ver cadáveres en las cunetas y es raro, muy raro, que Guatemala ciudad se acueste con menos de 10 víctimas cada noche.

El simple hecho de montarse en un autobús es traumático. Los efectivos de la Guardia Civil que estuvimos trabajando allí nunca montábamos en los buses urbanos, uno de los objetivos tradicionales de los mareros. Pero no hay metro ni trenes, y la gente tiene que ir a trabajar.

Y entran al autobús con miedo, con auténtico pánico, sabiendo que en cualquier momento se pueden encontrar con una pistola apuntándoles o una navaja al cuello y que quien la sujeta no va a dudar en apretar el gatillo ante el más mínimo gesto de autodefensa u hostilidad.

Suelen ser varios, se suben en una parada cualquiera y, llegado un momento, cuando el autobús ya está en marcha esgrimen las armas y piden las carteras a viva voz. Todos los días ocurre hasta 200 veces en la capital, según las estadísticas de la Policía Nacional Civil (PNC). El 66,8% de los guatemaltecos ha sido víctima de al menos un atraco en el autobús.

Afortunadamente, en dos años, nunca me vi envuelto en ningún incidente grave, pero varios compañeros -íbamos siempre sin uniforme y desarmados- fueron asaltados a plena luz del día e hicieron lo más inteligente y lo que teníamos indicado hacer: no ofrecer resistencia, reclamar inmediata presencia policial y prestar declaración. En cierta ocasión, un compañero iba conduciendo hacia su residencia, un trayecto de una media hora. En un semáforo vio cómo del coche de al lado se bajaron tres individuos, ametrallaron a los ocupantes del vehículo que estaba delante y se dieron a la fuga.

En el centro de esta cultura del crimen que está asolando Guatemala están las maras. Básicamente, las maras son bandas de jóvenes marginados organizadas en torno al carisma de líderes visceralmente violentos y que tratan de imponer su propia ley por medio de la delincuencia. La policía estima que hay en torno a 434 organizaciones de este tipo en todo el país. Tienen identificados a 2.559 mareros pero estiman que pueden contar con 30.000 integrantes y la complicidad o el apoyo esporádico de hasta 165.000 jóvenes. Frente a ello, la Policía Nacional Civil tiene 22.000 miembros.

Se dividen las zonas y allí imponen sus reglas. Las que sean.A menudo las mujeres son requeridas para hacer favores sexuales a los jefes de la mara y las que no se prestan lo pasan muy mal.Muchas se acaban marchando ante el riesgo de aparecer muerta en cualquier barranco cualquier día de la semana, pero sobre todo los fines de semana, violada y ultimada, como dicen ellos, con dos tiros en la cabeza. Con total impunidad. De las 424 mujeres muertas violentamente en 2003, sólo 22 casos fueron investigados por la Fiscalía y nada más que 11 personas resultaron capturadas.No es extraño que una mujer que desee entrar en la mara tenga que acostarse con un número muy importante de miembros. Los chicos tienen que dejarse apalear por el resto de la banda para demostrar su valor. Entran muy jóvenes, desde los 13 años ya se les admite y no se consideran quemados hasta los 30 años.

En realidad, las maras existen desde hace muchos años, pero hasta 2002 eran un fenómeno controlado y circunscrito a determinadas zonas. Incluso en las zonas en las que estaban presentes uno podía caminar por la noche y lo más que le podía ocurrir es que le quitaran la cartera y le dejaran seguir. Hoy apenas hay zonas seguras en Guatemala ciudad y las que hay están permanentemente custodiadas por agentes de seguridad privada. El crimen organizado, sobre todo a partir de 2003, ha empezado a encargar trabajos serios a las maras: ajustes de cuentas, secuestros que concluyen en muertes... En el año 2004 hubo en Guatemala 4.364 homicidios, un 25% más que en 2003.

De la misma forma que controlan las calles controlan las cárceles y los correccionales de menores. La gente está dispuesta a pagar cantidades ingentes de dinero bajo cuerda a la Justicia para evitar ir a prisión. Si no, tienen que pagar la mordida a los funcionarios de prisiones para que éstos se lo hagan llegar a los jefes de las maras. De 3.000 quetzales -el sueldo, por ejemplo de un policía, equivalente a entre 200 y 250 euros- no baja.Y el que no los paga corre serio riesgo de ser vejado física y moralmente.

NO SOLO LAS «MARAS»

Las armas circulan fácilmente por las prisiones [en el asalto del pasado lunes se emplearon hasta granadas de mano]. También fuera. Después de 36 años de guerra civil no resulta difícil hacerse con una pistola automática o un revólver, frecuentemente de poca calidad y muy usado. En todo el país hay registradas 253.514 armas de fuego, pero la policía cree que puede haber 1,8 millones ilegalmente.

La sociedad es bien consciente de todo eso. Ve en las maras una de las mayores amenazas, no ya para la vida cotidiana, sino incluso para la supervivencia de los valores democráticos. Se reclama una ley antimaras y cobra cada vez más fuerza la petición de pena capital para pandilleros hallados culpables.

Pero las maras no son el único elemento decisivo en la inseguridad que está asolando el país. La debilidad del sistema judicial, político y policial, la precariedad económica y las desigualdades sociales proporcionan el caldo de cultivo idóneo.

Según el último informe anual de la ONG Transparency International, fechado en diciembre de 2004, la policía de Guatemala es una de las siete más corruptas del mundo. En la misma línea, el Departamento de Estado de EEUU informaba en marzo de 2005 que la PNC seguía siendo la principal violadora de los derechos humanos en Guatemala.

Como responsable de la Secretaría de Estudios de la Academia de la PNC y después como asesor del cuerpo conocí de abusos intolerables.Un agente dispuesto a denunciar vio su casa tiroteada en más de una ocasión. La presencia de la Guardia Civil en Guatemala ejercía un indudable efecto disuasorio sobre las tentaciones encaminadas a desviarse de los principios éticos que deben presidir el desempeño de las funciones policiales. Pero la Guardia Civil ya no está.

Guatemala necesita unidades de policía selectivas y muy bien formadas. Necesita un pacto de Estado y ayuda internacional.Sólo entonces sería efectiva una ley antimaras.

Miguel López Corral es capitán de la Guardia Civil y doctor en Derecho e Historia. Entre marzo de 1997 y febrero de 1998 y febrero de 2000 y febrero de 2001 estuvo destinado en Guatemala colaborando con la Policía Nacional Civil.

Transcripción: Víctor Rodríguez

Fuente: www.elmundo.es - 250905


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