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Expresar para construir una nueva identidad.
Por Estuardo Mendoza Sandoval - Guatemala, 13 de septiembre de 2007

Una golondrina no hace verano pero si puede invitar a que suceda algo bueno.

Nuestra realidad es el producto de una construcción histórica circunscrita a un colectivo social llamado Guatemala. En ese proceso se han vendió dando con diferentes, caras, matices y disfraces relaciones racistas, injustas y discriminatorias. De hay surgen códigos que censuran y que reproducen esa tremendamente enraizada mentalidad colonialista.

Aportar para construir algo distinto en dicha realidad resulta tremendamente difícil. Es por eso que resulta urgente revisar nuestras conductas y las ajenas, ya que en esto todos(as) (víctimas y victimarios), con distintos niveles de complicidad por supuesto, tenemos algo que ver. El o la que se disponga a crear para transformar en Guatemala no puede pasar por alto esta observación.

El artista tampoco puede olvidar que es el espacio público el campo donde nos movemos y reproducimos esos valores y relaciones. Ahora, lo maravilloso está en que ese sitio en el tiempo no nos es completamente ajeno, se puede alterar, ¡intervenir!

Un ejemplo interesante es el performance realizado por Regina Galindo en julio de 2003. Dicha acción consistió en una caminata en donde ella descalza desde la corte de constitucionalidad hasta el palacio nacional impregnaba sus huellas en el pavimento con sangre humana para recordar a las victimas del conflicto armado interno.

Retar y construir algo nuevo en un espacio que ya está normalizado puede perturbar, conmover y hasta trastornar, pero esa es la idea, generar polémica. Se necesita agujonear para que salga lo que los guatemaltecos guardamos en silencio. Alejandro Paz, hizo justamente eso en el performance “30 de junio” en donde colocó carbón sobre las calles donde transitaría el desfile militar a fin de que la milicia dejara una huellas por su andar.

En un sistema de dominación tan denso como el guatemalteco, nuestro cuerpo resulta ser ese único espacio político del cual somos dueños. Es por ello que con mucha razón aquí el cuerpo se convierte en el lienzo perfecto del artista para denunciar y provocar. Regina Galindo usa su cuerpo para expresarse anta una Estado y una sociedad moralista y muchas veces hipócrita. Es así como ella se metió en una bolsa de plástico transparente que fue a parar en un basurero, se colgó en el arco de correos a recitar sus poemas, se enfrentó a una luchadora profesional, vivió tres días en un hospital psiquiátrico con una camisa de fuerza puesta, se sometió a una himenoplastia (reconstrucción del himen), etc., etc., etc. Utilizar el cuerpo como lenguaje artístico resulta ser la antítesis perfecta para este sistema decoroso, autoritario y políticamente correcto.

En el performance el artista decodifica para el público esos productos hegemónicos retando y enfrentando sin miedo nuestra realidad. El artista conceptual se apoya de las imágenes cargadas discurso implícito y muchas veces agresivo que invita al público a cuestionar y a pensar.

Es necesario darle el crédito que se merecen estos ejercicios culturales o en todo caso contra-culturales. En la contemporaneidad es allí en donde hacemos catarsis (artista-público), donde nos reconocemos y reconocemos al otro y en una cultura como la nuestra estos son aportes importantes para sanar.

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