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Manuel Colom, a 25 años de su muerte
por Juan Carlos Llorca - 21 de marzo 2004

Las imágenes traen a la memoria una época violenta para el país. En una Guatemala de extremos y extremistas, Manuel Colom Argueta, un moderado de izquierda con altísimas posibilidades de ganar la Presidencia de la República, era la piedra en el zapato de un sistema en que radicales de derechas e izquierdas buscaban a toda costa la guerra.

La derecha pretendía acabar con el único contendiente que podría aglutinar el esfuerzo popular en unas elecciones contra un candidato militar.

Colom Argueta creyó hasta días antes de morir que el presidente Romeo Lucas lo protegería, tal como, se dice, le había prometido. El Frente Unido de la Revolución (FUR), el partido de Colom, sobrevivió por unos meses.

1970. El día de la victoria
El hombre, el alcalde, el político


El día que Manuel Colom Argueta ganó las elecciones para Alcalde metropolitano, el diario El Imparcial envió un fotógrafo a su casa en la zona 15 a tomarle un juego de fotografías. En ésta, no publicada hasta ahora, el recién electo Alcalde aparece junto a sus hijas Mónica y Lorena.
“ La capital era una isla dentro del país durante el período de Carlos Arana Osorio”, recuerda un periodista.

Durante sus cuatro años de gestión, además de dejar obras de infraestructura –como colectores gigantes y drenajes profundos, o la primera fase del Anillo Periférico y la planificación urbanística para las siguientes dos décadas y media–, Colom Argueta enfrentó un paro del transporte urbano y creó una base de apoyo entre los estratos más populares de los capitalinos.

Llevó adelante una administración municipal de oposición al Gobierno central.

“ El desarrollo de una ciudad no se mide por los edificios de ocho pisos. No nos conformamos con el agua, el drenaje, el asfalto, el bordillo y el alumbrado público. También requerimos, en igualdad de condiciones, de parques de recreación de para los niños, farmacias municipales para asistir a las personas de escasos recursos. Necesitamos que nuestro pueblo satisfaga sus derechos y ejerza popularmente su soberanía”, definió él mismo su administración municipal.

Impulsó la creación de la Asociación Nacional de Municipalidades (Anam) y fue su primer presidente. Por medio de ese cargo buscó proyección en el interior de la República con sus colegas alcaldes.
En los cuatro años de alcaldía, buscó formar su partido político. Sin embargo, pese a que el 29 de marzo de 1973 entregó 90 mil firmas a la autoridad electoral (que en ese entonces dependía de la Presidencia), 40 mil más que la Ley Electoral pedía, le impidieron inscribir su partido.

Al terminar su período se va a Italia. Durante 1975 se dijo que regresaría a Guatemala. Volvió y, el 31 de marzo de 1976, sufrió un atentado en el que recibió un tiro en el brazo.

1973. Candidatos todos
Hoy sólo uno vive


De los cinco políticos de la fotografía, uno vive. Alberto Fuentes Mohr, secretario general del Partido Revolucionario Auténtico (primero de izquierda a derecha), fue asesinado en enero de 1979. A su lado, René de León Schlotter, histórico de la Democracia Cristiana, murió hace un par de años. A la derecha, Danilo Barillas, a la sazón secretario general de la DC –asesinado en los años de la época democrática–. En el centro, el entonces alcalde, Manuel Colom, muerto a tiros el 22 de marzo de 1979. A su lado, el único sobreviviente: Efraín Ríos Montt.
Sobrevivió para presidir el Gobierno durante 18 meses de infernal violencia en Guatemala.

En 1974, Ríos Montt ganó la Presidencia y ésta le fue arrebatada –ésa es la versión opositora– por Kjell Eugenio Laugerud.

“ Poner a Ríos fue un error de nuestra parte, el candidato era (tenía que haber sido) Meme (Colom)”, reconoce Alfonso Cabrera Hidalgo, de la Democracia Cristiana. No porque Ríos no ganara, sino porque la DC y toda la izquierda le reprocha no haberse quedado a defender en las calles el triunfo obtenido en las urnas. Colom había buscado, años antes, la candidatura democristiana.

A principios de 1970, luego de la elección presidencial, Barillas dispuso que había que hacer cuanto antes la asamblea del partido y definir quién sería el candidato para dentro de cuatro años. La asamblea se planteó entre Colom y De León Schlotter. Las versiones difieren sobre por qué se hizo esta reunión en lugar distinto del previsto. Cabrera dice que, seguros de la derrota, los seguidores de Colom se reunieron en un salón del Parque de la Industria y echaron cera en las cerraduras de los candados. Américo Cifuentes, correligionario de Colom, asegura que si el ala que apoyaba a De León Schlotter hizo la asamblea en un garaje –de allí que a la maniobra la llamaran “el garashazo”– fue para robarle la candidatura a su líder.

Al final, luego de un retiro político, la DC decidió que era preciso un candidato militar para crear fisuras en el Ejército, explica Cabrera. Entonces partió una comisión hacia la Junta Interamericana de Defensa en Washington, donde estaba destacado Ríos. “Nos aceptó en el momento”, recuerda Cabrera.

1977. Estudio abierto
Debate de moderados


El debate entre Manuel Colom Argueta y Alejandro Maldonado Aguirre marcó un antes y un después en la discusión política a través de medios de comunicación masiva en Guatemala.
“ En medio de una época de violencia, encontramos un espacio de cordura e ideas”, recuerda Maldonado Aguirre.

Colom Argueta, ex alcalde, político moderado de izquierda, y Maldonado Aguirre, expulsado junto con otros moderados de derecha de la rama profesional del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), fueron “emboscados” por el periodista Mario el Negro Solórzano Foppa.

En un cóctel, recuerda Maldonado Aguirre, un reportero del programa Estudio Abierto, que presentaba Solórzano Foppa, lo encontró charlando con Colom Argueta. “Allí mismo, cámara en mano, nos dijo que si estaríamos dispuestos a debatir en televisión y no pudimos negarnos”, añade el ex emelenista.

La relación entre ambos políticos no era oculta. “Siempre nos visitábamos. Él me iba a ver al Ministerio de Educación y yo a la Alcaldía, con la diferencia de que yo sí le aceptaba esa taza de café que me ofrecía y él nunca me correspondió”, recuerda Maldonado.
Maldonado había sido expulsado junto con Álvaro Arzú, Jorge Serrano, Edmond Mulet, Renán Quiñónez y otros de la rama profesional del MLN.

“ El Mico (Mario) Sandoval (Alarcón, secretario general y propietario del MLN) mandó poner una placa frente al partido con los nombres de todos ellos, a quienes acusaba de poco menos que traidores”, recuerda el analista Héctor Rosada.

Colom Argueta y Maldonado Aguirre buscaban tener un partido. Ambos lo consiguieron. A Colom Argueta lo mataron días después de haberlo conseguido. Maldonado Aguirre aceptó una invitación a –en sus propias palabras– escoger la embajada que quisiera. Eligió Ginebra. “Meme se quiso quedar”, explica.

El día que mataron a Colom Argueta, Maldonado Aguirre recibió un telefonema desde Guatemala. Era Edmond Mulet. “Mi más sentido pésame, acaban de matar a Colom y con él a usted”, refiere Maldonado al explicar cómo, según él, su futuro político dependía de la presencia del otro “moderado”.

1978. Lucas, Colom y villagrán
Una promesa y un espejismo hechos añicos


“ Apóyenme muchá, porque igual voy a ganar las elecciones, pero me gustaría que fuera con votos”, recuerda Américo Cifuentes, correligionario de Manuel Colom Argueta, al referir una conversación que él y Colom sostuvieron con el entonces candidato Romeo Lucas García y su compañero de fórmula, Francisco Villagrán Kramer.
Pero “que yo sepa, no hubo apoyo”, añade Cifuentes. Sin embargo, Jorge Grijalva, director de la Fundación Manuel Colom Argueta, aunque ha hecho investigaciones y no ha encontrado documentos sobre el tema, ve “bastante probable” que haya ocurrido ese apoyo.
“ Manuel confiaba que inscribiendo su partido y constituyendo otras opciones se podía cambiar el ejercicio de la política en Guatemala”, añade Grijalva.

Lo cierto es que Colom Argueta pidió el voto nulo en las elecciones de 1978. “Fue para debilitar a la Democracia Cristiana”, sostiene Alfonso Cabrera Hidalgo, entonces dirigente democristiano.

La foto, tomada durante algún momento de 1978, muestra el momento cuando Lucas quedó inscrito junto a Villagrán Kramer.

La presencia de Villagrán, ex compañero en la Unidad Revolucionaria Democrática (URD), parecía garantizar en la mente de Colom Argueta y otros demócratas que el país podía tener un rumbo distinto al que tuvo durante el gobierno de Laugerud.

Colom fundó la URD en 1961 y, desde esa plataforma hizo oposición al gobierno de Manuel Ydígoras Fuentes y Jorge Peralta Azurdia. Después del golpe de Estado de éste último, Villagrán, Colom y el diputado ydigorista Lucas García, entre otros, parten al exilio en El Salvador.

Según algunos, Colom traba amistad con Lucas en ese entonces; de acuerdo con Grijalva, eran “buenos conocidos”. Conocidos o amigos, Lucas le habría prometido dos cosas para cuando fuera Presidente. Una, la inscripción de su partido. Ésa la cumplió. Otra, promesa refrendada, según Grijalva, por Villagrán, que no le pasaría nada durante su gobierno. Colom Argueta fue asesinado el 22 de marzo. Nueve meses después de que Lucas tomara posesión y a los 16 días de que su partido quedara aprobado.

Villagrán Kramer renunció a la Vicepresidencia cuando el gobierno de Lucas ya llevaba más de un centenar de muertos en su haber, pero antes de que la espiral de asesinatos se tornara demencial.

De acuerdo con el periodista Jorge Palmieri, el día que mataron a Colom, él tenía un almuerzo en la Casa Presidencial. “Llegué y no sabía lo que había pasado. Cuando entré, me condujeron al pabellón del Presidente. Allí estaba Lucas. Me dijo: ‘mataron a Memito esos hijos de la gran puta’”.

“ Creo que Lucas sí estaba preocupado de que le pudiera pasar algo a Meme”, recuerda Óscar Clemente Marroquín, director del diario La Hora.

Por esos días, Colom había declarado a un periodista estadounidense, según relata Grijalva: “Yo sé que la cosa se ha complicado y es probable que me maten, como lo hicieron con Alberto Fuentes. La derecha en este país ha llegado a la locura de que esta situación se resuelva con violencia y asesinatos”.

Colom habría presidido la asamblea nacional de su partido, donde sería ratificado como secretario general y obtendría toda la legalidad de la organización ocho días después de que le mataran.

1979. más claro no cantaba un gallo
Preludio de lo que estaba por venir


En la imagen, Manuel Colom Argueta sale del velorio de su amigo Alberto Fuentes Mohr.

“ La forma en que mataban era para que no quedara la más mínima duda de quién había sido y por qué”, explica Óscar Clemente Marroquín, director del diario La Hora.

No era, sin embargo, el primer conocido ni correligionario de Colom Argueta que caía víctima del plomo oficial.

“ Al Furd (Frente de Unidad Revolucionaria Democrática, como se llamaba entonces el partido de Colom) les mataron una gran cantidad de gente que tenían en Planificación Económica del Estado”, dice Héctor Rosada, analista político.

Sin embargo, no quiso creer en las advertencias. “Cómprese un carro blindado. Mire, ya Vinicio (Cerezo) se compró uno. Usted que tiene dinero no debería andar sin uno”, recuerda Alfonso Cabrera, entonces dirigente de la Democracia Cristiana, que le recomendó a Colom en uno de los almuerzos que solían compartir.

Los asesinatos de Fuentes Mohr y Colom Argueta marcaron una etapa en que miles de guatemaltecos, políticos o no fueron acribillados en la calle. Los operativos para asesinarlos guardaban una similitud impresionante.

Ya desde el tiempo en que Colom fue alcalde, explica Jorge Grijalva -director de la Fundación Manuel Colom Argueta- “había hablado el sector empresarial con Carlos Arana Osorio para asesinarlo”. En esas reuniones participaron personas que durante las elecciones de 2003 estuvieron en importantes nominaciones de cargos a elección popular. La presencia de uno de ellos en una fórmula, incomodó sobremanera a la familia Colom, relatan fuentes cercanas a la familia.

Sin embargo, la versión más comúnmente aceptada –menos por el Ejército– es que el general David Cancinos, entonces jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional y supuesto candidato para las elecciones de 1982, vio en Colom Argueta al único oponente a una opción política que se propusiera desde el Estado.

1979. Líder de masas
Tentado por las FAR


En la foto, cuya fecha y lugar se desconoce –aunque hay quienes la sitúan en Coatepeque en 1973, y otros, varios años adelante–, Manuel Colom arenga a las masas.

Ese carisma con que consiguió 90 mil firmas en 1973 para intentar la inscripción de su partido significó que en 1979, las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) consideraran hacerle una propuesta difícil de rechazar. Querían poner a su servicio la organización de las FAR en la capital.

“ Ese día (el que lo mataron) nos íbamos a reunir con él, queríamos hacer un frente político abierto. Nos iba a comunicar cuál era su proyecto, nos interesaba muchísimo”, recuerda el comandante guerrillero Pablo Monsanto.

La oferta habría sido difícil de rechazar: de acuerdo con militares de alta durante esa época, los servicios de inteligencia reportaban un alto grado de infiltración de las FAR en las organizaciones sociales, sindicales y populares de la capital. Un apoyo nada despreciable en un momento en que las movilizaciones populares contaban más que la propaganda para ganar elecciones. Sin embargo, las FAR, confiesa Monsanto, no estaban convencidas de que Colom pudiera ganar la elección.

“ Queríamos apoyarlo para que se agotara la situación para que se convenciera (y otros políticos también se convencieran) de que no había posibilidad (de un cambio a través de las urnas)”, añade el comandante guerrillero.

Además, estaba consciente de la ola de violencia que podría generar incorporar cuadros de la izquierda armada a un movimiento político. “Todo ese esfuerzo iba a ser castigado de la forma que sería castigado… Una parte del movimiento tendría que salir a la luz para poder competir en elecciones”, añade.

Es decir, la estrategia era apoyar para demostrar un punto: la lucha armada era la única solución posible en Guatemala.

Jorge Grijalva, director de la Fundación Manuel Colom Argueta, sostiene que “no sé si se dio esa reunión, a lo mejor sí ocurrió, pero Colom estaba por el diálogo. Habría tratado de convencerles de que la solución era democrática y no por las armas.”

Radicalización

Héctor Rosada afirma que los mismos sectores del Ejército que mataron a Colom Argueta plantearon la tesis de la radicalización del conflicto. También querían invalidar la posibilidad de un cambio por la vía democrática.

En 1979, días antes de su muerte, acudió a un foro en la Universidad de San Carlos. Un estudiante le planteó la tesis determinista de que la guerra tenía que darse sí o sí. Colom Argueta contestó que la “lucha popular, como resistencia a un sistema es imprescindible, absolutamente imprescindible”. Sin embargo, hasta el último día mantuvo la fe en las urnas.

Las FAR no tuvieron que esperar un eventual fraude en las elecciones de 1982, que ocurrió, para demostrar su teoría. Los sectores más radicales, con el asesinato de Colom Argueta y cientos de líderes más, consiguieron hacer de la participación política un ejercicio inviable para encontrar una solución al conflicto armado que comenzaba a plantearse con toda su magnitud.

Después vinieron las masacres, el genocidio, la tierra arrasada. Entonces ya era tarde como para encontrar un escape en las urnas.

22 de marzo de 1979. Escena del crimen
El día que lo mataron


La fotografía muestra a un Policía Nacional “custodiando” el lugar del crimen el día que ultimaron a Manuel Colom Argueta. El texto a continuación fue tomado del informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico.


Los hechos

El 22 de marzo de 1979, desde temprano, fueron vistos agentes de seguridad en los lugares que Colom Argueta frecuentaba y en las cercanías de su bufete profesional. La víctima salió de su oficina, ubicada a poca distancia de la Embajada de los Estados Unidos, en la 6a. calle, 7-55 de la zona 9, con rumbo a la Universidad de San Carlos.

Conducía su vehículo marca Toyota color rojo y era escoltado por un Mercedes-Benz color azul, en el que viajaban sus dos guardaespaldas, Héctor Barillas Zelada e Hilario Hernández Quiñónez. Aproximadamente a las once de la mañana el automóvil Mercedes-Benz fue atacado por los ocupantes de otro vehículo de color verde y blanco, quienes comenzaron a disparar. Posteriormente, se agregó otro automóvil color negro; los dos eran de fabricación americana. Los guardaespaldas de Colom Argueta fueron alcanzados por una decena de proyectiles cada uno. Todos los disparos fueron dirigidos hacia la cabeza.

Eliminados los guardaespaldas, un automóvil de color rojo y dos motocicletas comenzaron la persecución de Colom Argueta, quien intentó huir del lugar donde se había producido el tiroteo, para ser interceptado a la altura de la 3a. avenida y 5a. calle de la zona 9, donde fue ametrallado.

Informaciones vertidas por testigos presenciales y recogidas por familiares de la víctima, señalaron que desde el vehículo de color rojo fueron disparadas varias ráfagas sobre el lado derecho del automóvil, mientras que, por el lado izquierdo, Colom fue atacado por los ocupantes de una de las motocicletas, de la cual descendió un sujeto joven y corpulento portando una subametralladora, quien remató a la víctima.

Manuel Colom recibió el impacto de 24 proyectiles calibre 45 milímetros. La mayor parte de las heridas de bala se concentró en el cráneo, la cara y el tórax.

En declaraciones a la CEH un testigo declaró que: “David Cancinos, personalmente, desde un helicóptero supervisó el operativo que se había planificado en una forma de círculos concéntricos; si salía del primer círculo del operativo, le esperaban en un segundo y así. Efectivamente no lo lograron en el primer punto, sino en un siguiente círculo del operativo”.

23 de marzo1979. El día después
Marcha fúnebre


Las reacciones por el asesinato de Manuel Colom Argueta no se hicieron esperar. Ese mismo día, el Gobierno negó las acusaciones, mediante un comunicado de prensa a páginas completas en todos los diarios, en declaraciones del vocero de la Presidencia, Rolando Archila Marroquín, quien calificó de “demasiado atrevidas” las declaraciones del Frente Unido de la Revolución (FUR) que responsabilizaban al Gobierno. Incluso, el Presidente acudió a la sala de redacción de Prensa Libre para dejar claro que no había tenido nada que ver. En su editorial, el diario en cuestión dijo creer en la sinceridad de Romeo Lucas al hacer esas aseveraciones.

Todo ello respaldado por la palabra del ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez Ruiz. Según declaró a un medio de comunicación, no podía ser él el autor material o intelectual del crimen, pues “él ayudó al Gobierno a llegar al poder”. Un mes más tarde, en un campo pagado, la familia volvió a responsabilizar al Gobierno por el asesinato.

La percepción popular entonces era ésa. Decenas de miles de personas salieron a la calle al día siguiente del crimen y se sumaron a la marcha fúnebre que, durante casi 12 horas, recorrió las calles de la ciudad.

“ Salimos de la funeraria a las 7:00 de la mañana”, recuerda Américo Cifuentes, correligionario de Colom, el comienzo del último recorrido de Colom a la ciudad de la que fue Alcalde. El cadáver, a bordo de un carretón, llegó a la capilla del Liceo Guatemala. De allí partió al Palacio de la Loba, donde una multitud le esperaba. “La radio iba transmitiendo por donde iba el cortejo y la gente lo buscaba para sumarse”, recuerda Cifuentes.

De la Municipalidad, llegaron al Paraninfo Universitario en la 2a. avenida de la zona 1. De allí, pasado el mediodía, partieron hacia la sede del partido en la 14 avenida y 14 calle de esa misma zona. Después, al Instituto Nacional Central para Varones y, por último, llegaron por la tarde al cementerio.

En la imagen, correligionarios de Colom Argueta ingresan en el cementerio para rendir honores póstumos al máximo líder del Frente Unido de la Revolución.

1979-1980. Frente unido de la Revolución
Un partido que nació muerto


“ Ni un año duraron esas muestras de solidaridad, porque hoy no irían juntos ni al cementerio”, escribió en una columna de opinión, en marzo de 1980, Óscar Clemente Marroquín al referirse a los seguidores de Manuel Colom Argueta que el 23 de marzo de 1979 acudieron al entierro y su situación 12 meses después.

Las pugnas internas consumieron a un partido que, de haber competido en 1982, habría ganado la Presidencia.

“ Eso me da la pauta de que estábamos infiltrados por una quinta columna; el FUR se rompió en tres pedazos, había mucha intriga. Ahora nos damos cuenta de que era cosa de inteligencia militar”, explica Américo Cifuentes, correligionario de Colom Argueta en el FUR.

No obstante, hay quienes, como Alfonso Cabrera, que explican la debacle en el FUR como la consecuencia de que Colom Argueta construyó un partido para sí y no una institución que perdurase en el tiempo. “Era casi como un club de personas alrededor de Meme”, comenta. “Manuel era educado en Europa, un político moderno. Pero no supo quitarse los resabios del caudillo. En cierto modo, aunque había organización partidaria y nunca buscó gente con el criterio de que no le hicieran sombra, no pensó él en organizar un partido que tuviera una estructura para aguantar lo que venía”.

Luego del asesinato de Colom Argueta comenzó una espiral de violencia en que los asesinatos políticos se contaban en decenas o centenares por semana.

Las pugnas internas terminaron por acabar con el FUR.

1979. La cacería de la venganza
La muerte de Cancinos

En la imagen, el entierro de David Cancinos, a quien se atribuye el asesinato de Manuel Colom Argueta.

En segundo plano, Kjell Eugenio Laugerud.

El siguiente texto ha sido tomado del libro El trueno en la ciudad, de Mario Payeras:
« Una de las respuestas guerrilleras al creciente baño de sangre del gobierno, fue el ajusticiamiento del Jefe del Estado Mayor General del Ejército, general David Cancinos, el 9 de junio de 1979. En marzo de aquel año, desde un helicóptero militar, Cancinos había dirigido por radio el asesinato del dirigente socialdemócrata, Manuel Colom Argueta, ex alcalde de la capital. Había sido un crimen político premeditado, tendiente a allanarle el camino al candidato presidencial militar en las siguientes elecciones, Cancinos. En abril iniciamos a nuestra vez la cacería del asesino.

Era una operación difícil, debido a que el alto jefe militar siempre se transportaba en un vehículo blindado con protección de hombres armados, en un triángulo de hierro que iba de su residencia fortificada, en la zona 10, al Palacio Nacional, y de aquí a las instalaciones del Cuartel General del Ejército, en el antiguo fuerte Matamoros. Los disparos de bajo calibre de la guerrilla habrían rebotado como granizo en la coraza del vehículo. Colocar a su paso una bomba era extremadamente complicado, debido a la vigilancia existente en sus rutas habituales, fuera de que este recurso tampoco garantizaba plenamente el éxito del atentado. En mayo, sin embargo, establecimos que el militar visitaba a una amante, en su casa de una populosa barriada del este.

En esas ocasiones se desviaba de la ruta vigilada, y durante la visita, debido a la lógica del amor, bajaba la guardia y adoptaba el comportamiento cotidiano de cualquier amante. Muchas veces, en el último momento, las unidades operativas, prestas en las bocacalles de los alrededores, recibían la orden de suspender el atentado. El 9 de junio, finalmente, coincidieron los factores necesarios.

El Jefe del Estado Mayor, en traje de civil, se presentó a la casa de la amante, a bordo de un vehículo corriente y sin escolta. Algo había ocurrido que por una vez lo había hecho vulnerable. Al anochecer dejó la casa, como siempre, y acompañado del conductor y de un guardaespaldas en el asiento trasero, salió de la barriada en dirección a la 12 avenida. Luego, el vehículo tomó por el túnel que se forma en el paso a desnivel que hay junto al gimnasio olímpico. Allí fue alcanzado por nuestros vehículos y acribillado contundentemente. Minutos más tarde, al presentarse autoridades y periodistas, el jefe de la Policía Judicial, al extraer del bolsillo del muerto los documentos personales, constató, trémulo, de quién se trataba.»


Tomado de www.elperiodico.com.gt


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