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Crisis estatal: crisis de datos
Por Edgar Balsells- 22 de enero de 2005

La discusión económica, una Torre de Babel.

Cuando vemos por la televisión un partido de las grandes ligas beisboleras, los comentaristas nos sorprenden con el cúmulo de cifras que digieren y analizan, y que salen de sus labios casi como por arte de magia. Es por ello que admiro a mi buen amigo Paco Aguilar Chang, quien es enciclopédico en procesar las cifras deportivas, que van desde los puntos que tiene acumulados hoy el Chinabajul, hasta los pases que llevaron a la concretización del último gol anotado por Zinedine Zidane. Y es que muchas cosas en la vida se obtienen mediante el análisis de cifras. Un país sin datos es un país sin memoria, y uno tiende a sospechar que esa mediocridad en la que se desenvuelven las declaraciones sobre nuestra actividad económica, medida por el famoso “Producto Interno Bruto (PIB)”, o bien son intencionadas, o son producto de la ingenuidad de una escuela miope, denominada “monetarista”, que dogmáticamente se ha impuesto en esos ambientes.

Hace ya más de dos décadas, los poseedores de la “verdad única” en materia económica, ante la tirria que le tenían a la Planificación Económica, tildándola de prosoviética y dinosaúrica, arremetieron contra todo lo que olía a señalar caminos en materia económica. Según ellos, la espontaneidad de los mercados y el termostato de las quiebras empresariales nos iría señalando el camino a seguir. Los trancazos que nos hemos dado en Latinoamérica, como consecuencia de esas divagaciones sobre el destino económico han costado sangre, sudor y muchas lágrimas. Mientras tanto, los holandeses y los belgas, por ejemplo, han perfeccionado increíblemente sus sistemas de catastro y planificación, los chinos continentales se han trazado un destino inmejorable gracias a la manipulación inteligente de datos. Sencillamente nosotros, al ser más papistas que el propio Papa, no sabemos ahora si la agricultura, la industria, los servicios, o incluso las actividades rentistas son las que dominan nuestro espectro económico: los edificios que albergan la mayor cantidad de economistas, por metro cuadrado en nuestro medio, andan en tremendas confusiones teóricas al respecto. ¡Una verdadera Torre de Babel!

Lógico es que ello sucediera de esa manera y con el perdón de los colegas de los centros de pensamiento más prominentes, quienes tienen mucha responsabilidad en este entierro, no es “ahogarse en un vaso de agua” señalar adecuadamente lo que está sucediendo: se trata de un problema grave que nos retrata de cuerpo entero, como un país miope en donde la producción de cualquier tipo de bien público de que se trate, enfrenta una seria crisis, que lleva más de 20 años cultivándose. Por algo, el traidito de la película es hoy en día “Rambo Sperisen”, quien se ha colocado como carne de cañón, tratando de aplacar las desenfrenadas energías negativas de grupos urbanos que vagan sin rumbo por la vida. Hoy es la crisis en el Roosevelt, o la huelga de controladores aéreos, quienes tienen un contrato laboral parecido al de los taxistas del aeropuerto; mañana será otro tema casi de Ripley. Y es que por estos lares todo está hecho “para mientras”: sin un rumbo fijo, sin cifras certeras, con intentos por aquí y ocurrencias por allá. Queremos entrar a las grandes ligas sin entender que sin planeación estratégica, ni datos, seguiremos siendo, simplemente, un país consumidor de artículos que alguien más produce y promueve.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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