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La creación de ciudadanía
Por René Poitevin- 24 de enero de 2005

Ciudadano es la dimensión política referida a los derechos y obligaciones de los individuos.

Es común reconocer que Guatemala, entre otras muchas carencias, adolece de un déficit de ciudadanía; pero lo que no siempre se aclara, es que este concepto está referido a una serie de situaciones y especialmente a la satisfacción de necesidades que presuponen la posibilidad del ejercicio de esta calidad.

Ser “ciudadano” es la dimensión política referida a los derechos y obligaciones de los individuos frente al Estado y frente a sus semejantes. Implica también un estado de conciencia que se refleja en conductas consecuentes con esa percepción de la realidad; pero sucede que para llegar a ese estado de conciencia y por ende a la preocupación, por lo común y lo político, se requiere contar con las condiciones básicas para que un ser humano tenga la dignidad que le corresponde. Estamos hablando de la satisfacción de las necesidades de alimentación adecuada y un estado de salud que como mínimo sea aceptable.

Además de estar alimentado y en buen estado de salud, es indispensable que se tenga la preparación necesaria para poder obtener un empleo y desempeñarlo bien, un nivel de vida que puede ser pobre pero decoroso, y algo más, la capacidad de ver y analizar la vida, tanto a nivel personal como en conjunto. Sentirse parte de la comunidad y de la sociedad en que se vive y estar consciente de la capacidad de influir en las decisiones de los demás por medio de la expresión de la propia opinión. En síntesis, el ciudadano debe poseer un mínimo de educación y capacitación para el desempeño de un trabajo que le permita ganarse la vida y sentirse integrado en la sociedad.

Como los humanos somos seres complicados, resulta que también necesitamos que nuestro entorno ofrezca cierta seguridad, es decir, necesitamos sentirnos libres, de una manera razonable, de la angustia de ser asaltados, robados, secuestrados o asesinados a la vuelta de cada esquina, o de carecer de trabajo y caer en la miseria como muchos que conocemos. Necesitamos, además, creer que hay un sistema que permite prevenir estas situaciones y que si ocurrieran, habrá un sistema de contingencia que funcionará; que hay leyes y normas que se respetan y sanciones para los transgresores: que no habrá impunidad.

A la par de todo esto, y seguramente como fruto de lo anterior, nos daremos cuenta de que es imperativo, aparte de la religión, tener confianza en los demás, reconociendo la dignidad nuestra y de nuestros semejantes; de esta manera será posible respetar las diferencias, ya que no constituyen una amenaza a nuestro modo de vida ni a nuestro futuro. Esto permitirá que nos sintamos parte de un proyecto que se llama patria, y como consecuencia estemos conscientes de que los asuntos públicos nos atañen porque es cosa de todos, y que tenemos el derecho de exigir de inmediato el rendimiento de cuentas a quienes nos gobiernan, y no sólo cada cuatro años.

Ahora que se ha cumplido un año de un nuevo gobierno, es aconsejable que reflexionemos sobre estos puntos tan elementales, y que nos preguntemos qué podemos hacer para que algo de esto se haga realidad en Guatemala.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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