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Las mujeres son la esperanza
Por Fernando Carrera- 26 de enero de 2005

Los hombres van al trabajo con la certeza de que al retornar van a encontrar comida caliente, hijos limpios y compañera complaciente.

Quizá la mayor mentira de nuestra época es la que define a la mujer como un ser de segunda categoría. Basados en esta afirmación, muchos hombres juzgan con dureza el carácter “limitado” de las mujeres. Se burlan de su manera de ver el mundo (preocupadas por la casa y por los hijos), de su manera de enfrentar los problemas (muy sentimentales, temerosas de los riesgos), y, tema preferido, hasta de su manera de conducir un carro.

Hecho el recuento de sus limitaciones, los hombres van al trabajo con la certeza de que al retornar van a encontrar comida caliente, unos hijos limpios y una compañera complaciente. Y cuando se cansan de esto, van con los amigos a beber y a coquetear con la simpática señorita que sonríe desde la otra mesa. Quién sabe, quizás hasta la señorita esté buscando un hombre con compromisos pero sin responsabilidades, y entonces se inicia un romance de resultados inciertos.

Supongo que una sociedad así puede continuar por muchos años. Pero no creo que la sociedad avance mucho con el pasar del tiempo. En primer lugar, porque para progresar hace falta invertir en los niños y niñas (un tema muy “de mujeres”). Sólo las sociedades que han invertido en la educación y la salud de los niños han logrado superar la pobreza y la ignorancia.

Segundo, porque para progresar hay que tener propiedades y ahorro. Y la primera propiedad es la casa, y el primer ahorro es el dinero que no se gastó este fin de semana en licor y amores pasajeros. Nuevamente, un tema muy “de mujeres”. Pero tampoco hay que olvidar que sólo las sociedades que han generado vivienda digna para todos y capacidad de ahorro, han podido progresar social, económica y políticamente.

Y tercero, porque sólo con tenacidad y con esfuerzo se sale adelante en la vida. Y la tenacidad es un rasgo radicalmente femenino. Si no, ¿cómo creen que una mujer pobre saca adelante a sus hijos todos los días? ¿Y cómo se imaginan que se animan a salir a la calle a pesar de la violencia cotidiana, directa e indirecta?

Hay hombres que se preocupan por los hijos, que ahorran y buscan poseer alguna propiedad, que son tenaces y decididos. Pero son muchas más las mujeres que tienen esas características, y la mayor parte de los hombres deberíamos imitarlas.

Ya es hora de que los guatemaltecos varones nos preocupemos por aprender de las mujeres. Nuestro país necesita de las características femeninas para poder progresar. Podríamos, por ejemplo, reconocer nuestras limitaciones y compartir el poder político con las mujeres líderes en nuestra sociedad. Ellas, y sus características femeninas, deben recibir nuestro apoyo.

No sería un mal comienzo si los hombres votamos dentro de tres años para que una mujer sea electa a la Presidencia. Una Rigoberta, una Nineth, o una María del Carmen Aceña. O tantas otras, con tantos méritos. Una mujer Presidenta de la cual los hombres aprendamos a ver el futuro con los ojos femeninos de la esperanza.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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