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TLC, Una pírrica victoria
Por Erwin Pérez - Guatemala, 29 de julio de 2005

La frágil situación económica del país por falta de inversión, la escasa recaudación fiscal y las reducidas posibilidades de aumentar la producción nacional, aunado a la creciente pobreza que amenaza diariamente a más familias guatemaltecas, hace pensar que el Tratado de Libre Comercio entre Republica Dominicana, Estados Unidos y los países del istmo centroamericano aprobado anoche en Washington, no tendrá, como dicen sus defensores, el impacto positivo que se le adjudica y mucho menos que se necesita.

Resulta sumamente difícil creer que la dramática situación actual de la economía familiar cambiará con la entrada en vigencia de ese acuerdo comercial si se observa que los representantes ante Cámara Baja de Estados Unidos, que posee mayores ventajas competitivas, se vieron enfrascados en largas horas de debate, discusión y enfrentamientos para aprobar la iniciativa.

La lectura más simple que se puede hacer de los resultados finales anoche en Washington, es que a pesar de ser el país con mayores beneficios, se encontró con la dificultad de aprobar algo que notoriamente no satisface las necesidades actuales. Es decir que si ellos, siendo una de las economías más grandes del mundo, no se decidieron mayoritariamente a favor del TLC, cómo es posible que en los países del istmo aun se tenga la esperanza de que el mencionado tratado vendrá a aliviar la situación económica.

En un análisis más profundo habrá que hacer notar que las condiciones de vulnerabilidad económica en que se encuentra nuestro país, no permiten enfrentar el desafío que representa poner a la criolla clase empresarial de Guatemala, frente a las gigantes transnacionales estadounidenses. Es quizá, -dando el beneficio de la duda- la posibilidad de que los empresarios locales le apuesten a mejorar y ampliar su producción, a realizar mayores inversiones y consecuentemente se genere más empleo.

El asunto con el CAFTA es que no hay espacios para la equivocación, si la apertura de las fronteras permitirá un mayor ingreso de productos extranjeros al mercado local, lo natural sería que el peso competitivo con que ingresan destruya a las enclenques empresas nacionales. Excepto aquellas que actualmente son potencias económicas de unas cuantas familias. Y para mayor complicación, las empresas de este tamaño (y de determinada familia) no están pensando en el país, sino en invertir fuera de él.

En el caso de la economía familiar la situación se prevé sumamente complicada. Durante un año y medio se ha experimentado un creciente aumento en los precios de los productos de la canasta básica, que contiene el mínimo alimentarios para satisfacer al menos las necesidades energéticas y proteínicas de una familia de seis miembros, subió Q97.29 en los últimos doce meses.

La participación de grandes empresas en el mercado local, significa ni más ni menos, que mayores exigencias a la mediana y pequeña empresa, y si éstas carecen –como realmente ocurre- de las condiciones favorables para competir, lo que les depara el futuro a mediano plazo es la quiebra, arrastrando consigo a un grueso numero de trabajadores y trabajadoras. Bajo esa perspectiva es igualmente previsible el aumento en la tasa de desempleo en el país, disparando paralelamente la pobreza y la miseria.

Los elementos que existen para evaluar como positivo el TLC aprobado anoche en Washington son, francamente muy escasos, incluso para quienes salieron triunfantes. En primer lugar porque los resultados de la votación develan una autentica división. 217 votos a favor no son precisamente cómodos frente a los 215 votos que se presentaron en contra del tratado. Estadísticamente hay un virtual empate.

En términos políticos podemos afirmar con absoluta propiedad que fue una “pírrica victoria” de la administración Bush y su política comercial. Eso demuestra que existen temores y resistencias a seguir permitiendo la apertura de fronteras. El costo, también político, para el resto de naciones partícipes también es elevado.

Violentas protestas en El Salvador, Honduras y Guatemala, son una muestra del precio. A ello se suma la vergonzosa actitud de los mandatarios de colocarse, pese a ser “jefes de Estado”, en el trabajo de hacer lobby en junio pasado a favor del TLC. Así no resultará extraño que para la siguiente campaña electoral se les recuerde la actitud servil que mostraron.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 783


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