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Un aumento salarial poco probable
Por Erwin Pérez - Guatemala, 4 de agosto de 2005

Unos cinco mil trabajadores marcharon el viernes de la semana pasada desde el Obelisco hasta el Congreso de la República (entre cuatro y cinco kilómetros) en demanda de un incremento salarial. Los manifestantes, maestros en su gran mayoría, exigen del Gobierno un aumento de Q1000 mensuales, la implementación de la reforma educativa y la destitución de la ministra de educación María del Carmen Aceña.

Alrededor de la manifestación hay diversos elementos que debe considerarse para comprender la posición magisterial y la postura de los trabajadores en el resto del aparato estatal. Para empezar, no cabe la menor duda que los maestros han logrado mantener cierto nivel de cohesión desde las manifestaciones y paro de labores, -también en demanda de aumento salarial- a principios de 2003.

La actividad del magisterio ha sido constante, con un nivel importante de beligerancia en las demandas sociales y, en alguna medida se han dado a conocer nuevos dirigentes. Aunque no precisamente en gran cantidad como se esperaría de un gremio tan voluminoso. Sin embargo, hay que recordar que “una golondrina no hace verano”. Y es que la situación del gremio sindical en su sentido más amplio continúa con una tendencia hacia la baja.

La aceptación que tienen las agrupaciones sindicales es muy precaria y empeora cuando se observan las centrales sindicales. Allí la situación se agrava porque la credibilidad y confianza hacia sus dirigentes ha decaído enormemente. Para que ello haya ocurrido concurrieron varios factores. Algunos vinculados con la política neoliberal de desestructurar toda organización laboral; los efectos de terror que dejó la represión vivida durante la guerra y aun en años posteriores a la firma de la paz también han influido; y, desde luego el evidente monopolio dirigencial que prima en las tres centrales más conocidas (UASP, CGTG y CNSP).

Así nos encontramos con que una demanda absolutamente razonable, justa y muy necesaria, como pedir un incremento de salario se ve opacada por la escasa respuesta de los trabajadores al llamado sindical. Solo atendiendo la situación de debilidad en que están los sindicatos es que puede entenderse el por qué sus convocatorias resultan hasta cierto punto frustrantes. Es poco probable que los trabajadores arriesguen sus puestos de trabajo, cuando los cuestionados dirigentes llegan al extremo de estar sindicados popularmente de tener vínculos con partidos de derecha y altamente conservadores como el FRG.

Y esas relaciones son de conocimiento a nivel del gobierno. Naturalmente éste trata de no ceder ante las presiones y se confía de no atender las demandas con el argumento simple de que la cúpula sindical no responde a los genuinos intereses laborales ni sociales, sino a una estrategia de desgaste al oficialismo urdida en algún partido político de oposición.

Sin embargo, y a pesar de la demacrada imagen que proyecta en la actualidad el sindicalismo, hay en el contexto nacional e internacional un ambiente que puede favorecer sus demandas. Al menos las relativas a mejoras salariales y de condiciones de trabajo.

Al respecto es importante hacer referencia a las periódicas presentaciones que hace el Instituto Nacional de Estadística, INE, donde queda demostrado oficialmente que en el Índice de Precios al Consumidor persiste un ritmo inflacionario, que afecta directamente la economía familiar. Para finales del año 2004, la Junta Monetaria tenía prevista una inflación no mayor al 6.5 por ciento, sin embargo, cerró con 9.23 por ciento. Para este año persiste la meta –a exigencia del Fondo Monetario Internacional- de 6.5 por ciento. Así nos encontramos con que en los últimos 12 meses la canasta básica de alimentos subió un 5 por ciento, entre tanto la canasta básica vital –que además de alimentos incluye vestuario, transporte, vivienda y otros servicios- tiene un ritmo similar al 5%.

Es decir, las condiciones económicas familiares están dadas para que exista una respuesta inmediata de los trabajadores. Pero quién se arriesga a demandar mejoras laborales si, y solo para mencionar un ejemplo, en el Fondo de Tierras están exigiendo a los trabajadores y trabajadoras que emplazaron a la institución que firmen “voluntariamente” su renuncia o bien, a los pocos sindicalizados los están enviando a lugares realmente remotos como medida de coerción y presión. En este caso ni siquiera las organizaciones campesinas que forman parte de la Junta Directiva se involucran en el asunto, y eso que además son parte de aquellas tres centrales, mencionadas anteriormente.

El compromiso del gobierno a nivel del Ejecutivo y Legislativo de promover y aprobar compensadores sociales que reduzcan los efectos negativos –porque seguro que los habrá- del Tratado de Libre Comercio, también brindan a los trabajadores el espacio para demandar que se incluya dentro del paquete un aumento salarial. El reto de los sindicalistas está en saber aprovechar adecuadamente las oportunidades, por ejemplo ha quedado demostrado que cuando una demanda social está acompañada de muchas otras, la exigencia central se diluye y se termina sin ningún beneficio tangible. Lo contrario ocurre cuando la movilización está enfocada en un solo asunto. “el que mucho abarca poco aprieta”, dice el refrán tan conocido.

Y como último elemento a mencionar, es la objetividad del incremento demandado. Muy fácilmente puede decir cualquier persona que el aumento de mil quetzales es una cifra exagerada e impensable en las condiciones de miseria en que el Estado guatemalteco está funcionando. No obstante, tal pensamiento puede sufrir tropiezos cuando se observan los escandalosos contratos que se hacen en el Congreso de la República o bien las exigencias de los congresistas de aumentarse hasta Q15 mil mensuales cuando su salario es exageradamente superior con su rendimiento. A los ‘padres de la patria’ es a quienes menos les favorecería la propuesta de los empresarios de dar salarios sobre la base de la productividad. Quizá por ello es que la iniciativa no ha tenido mucho eco.

Por cierto, los empresarios también tiene una importante cuota de responsabilidad en la inestabilidad social que puede generarse si el Gobierno no consigue mantener entretenidos a los sindicalistas en ese laberinto político de comisiones y reuniones que se forman para ‘analizar’ los planteamientos que hacen y que al final solo sirven para dilatar el tiempo. Ellos, los empresarios, no están de acuerdo con repartir de mejor manera sus ganancias, ni siquiera con pagar completos los tributos que demanda la ley. Por eso es que el Estado está pobre –además de los saqueos millonarios por actos de corrupción-. y con el TLC será aun más pobre porque muchos productos que entran actualmente al país pagan impuestos y cuando este tratado entre en vigencia el Estado dejará de percibir varios millones de dólares al año.

Así el panorama, es previsible que la demanda del viernes pasado no tenga la respuesta esperada, o mejor dicho, la que necesitan las familias de los trabajadores. O en el mejor de los casos es que se consiga un aumento pírrico después de grandes batallas políticas o de calle. Y eso de destituir a la ministra parece algo muy remoto.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 788


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