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Una tibia Asamblea en Naciones Unidas
Por Erwin Pérez - Guatemala, 20 de septiembre de 2005

Las expectativas que se crearon alrededor de la recién concluida Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, fueron mucho más allá de la realidad. Los líderes mundiales, que incluye en su mayoría a presidentes y vicepresidentes de las naciones miembros, llegaron a la cita con el propósito de hacer modificaciones sustanciosas al organismo internacional, sin embargo, el resultado no llegó a ser satisfactorio.

Varios elementos se conjugaron para que la Cumbre de los 60 años de la ONU resultara en un evento poco trascendente para la consolidación de ese importante organismo, la responsabilidad de lo pobre que resultó la cumbre no puede atribuirse a situaciones de momento actual sino a episodios anteriores que han cercenado la independencia y hegemonía de ese organismo. En la evaluación no puede pasarse por alto la marginación de la cual fue víctima después de los atentados del 11 de septiembre de 2001; el haber sido ignorada su posición por los Estados Unidos antes de lanzar unilateralmente dos guerras, primero contra Afganistán y luego contra Irak; tampoco pueden olvidarse los engaños a los que fue sometida para justificar el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak, bajo el pretexto de que éste fabricaba armas de destrucción masiva, según lo declaró ante la ONU, el secretario de defensa de Estados Unidos de aquel momento, Colin Powell [1]. Y además, la actuación norteamericana de manera indirecta, en varios países del resto del mundo, que no necesariamente ha sido a través de las guerras inútiles.

Así se fue tejiendo alrededor de la ONU y de su Consejo de Seguridad una sombra que hoy tiene en un nivel muy bajo de credibilidad a esa organización. Por ello eran tan necesarios los cambios, la posibilidad de ampliar el número de miembros del Consejo de Seguridad y darle una mayor transparencia a las decisiones allí tomadas. Sin embargo, la declaración final de esta Cumbre ha resultado ser tan tibia como las reacciones de la ONU ante los ataques perpetrados por Estados Unidos contra dos pueblos, Irak y Afganistán; pero la tragedia en esta Asamblea ha sido peor, porque no solo no se consiguieron los cambios de fondo que tanto deseaba el Secretario General Kofi Annan, sino que la Casa Blanca en Washington consiguió poner como temas prioritarios el combate al terrorismo y el libre comercio.

Lo que se preveía o esperaba que terminara en un apoyo consolidado hacia la ONU, terminó siendo un signo inequívoco de la crisis de credibilidad que enfrenta el organismo, con un secretario general que tienen muy buenas intenciones pero que carece de la fuerza y el respaldo necesario para impulsar sus iniciativas. De hecho, él no fue la parte más visible y brillante de esta Asamblea. Pero tampoco lo fueron las “Metas del Milenio”, ese conjunto de acciones coordinadas entre países desarrollados y del tercer mundo para frenar la pobreza y miseria que golpea a millones de seres humanos.

Al respecto del tema, cabe recordar un informe presentado anterior a la Asamblea en el que se revela una cruda realidad: las metas del milenio no podrán ser alcanzadas por varios países, entre ellos el nuestro. La cumbre, a la cual asistieron unos 150 jefes de Estado y de Gobierno, tenía previsto abordar en uno de sus temas centrales la situación en que se encuentran los Objetivos de Desarrollo del Milenio y sobre todo como revertir ese estancamiento en que se encuentran. No obstante, el espacio que el tema ocupó fue verdaderamente lamentable. Mientras que los llamados países en “vías de desarrollo” hacían esfuerzos extras para visibilizar la dramática situación en que se encuentran, la potencia del norte de América tomó los hilos ocultos del Organismo para hacer prevalecer sus temas y no aquellos que le interesan y demanda la humanidad.

De tal modo, hablar de medio ambiente o de hambruna en los municipios del norte y oriente de Guatemala resultaba tan azaroso como atrevido sería hablar de Derechos Humanos, sostenibilidad o salud. Por ello es que la mayor parte de los discursos pasaron casi inadvertidos, excepto el del presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, quien inició su discurso evidenciando que el “propósito original de esta reunión ha sido desvirtuado totalmente”. Señalando directamente a Estados Unidos de haber saboteado los temas de interés global.

El Presidente Chávez hizo ver varias verdades que, a pesar de ser conocidas muy pocos se atreven a comentar en voz alta. Hizo ver que es “inadmisible sacrificar a la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva” y no dejó espacio para que sus palabras fueran mal interpretadas, dijo que el neoliberalismo, impulsado desde Estados Unidos es precisamente “la causa fundamental de los grandes males y las grandes tragedias que viven nuestros pueblos: el capitalismo neoliberal, el Consenso de Washington lo que ha generado es mayor grado de miseria, de desigualdad y una tragedia infinita a los pueblos de este continente” y, ante la crisis que afronta la ONU propuso que los países deben sumergirse en una profunda reconstrucción de las Naciones Unidas porque el modelo actual está agotado para encarar la realidad de nuestro planeta. Es más, la sede debe salir de Estados Unidos y prefundarse en el sur.

A manera de conclusión podemos volver a indicar la tibieza con la cual se condujo y concluyó la Cumbre 2005, influenciada enormemente por la ambición, la codicia y la hipocresía que se han convertido en el referente más claro de la unipolaridad. Así tenemos de nuevo ante nosotros una semana en la cual lo menos relevante para las familias que mueren de hambre son las declaraciones de la ONU. La realidad pone de manifiesto que nuestro mundo seguirá con un programa mundial de desarme completamente desfasado, con un Consejo de Seguridad tomado y por lo tanto monopolizado, con un conjunto de objetivos para erradicar el hambre incumplibles, un mundo más inseguro y con un Secretario General al frente de la ONU que hoy en día, muy probablemente, sueña con el día en que dejará el puesto.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 818 - 190905


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