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¿Alianzas con la derecha?
Por Erwin Pérez - Guatemala, 21 de septiembre de 2005

A diferencia de otros países, en Guatemala la izquierda política se encuentra marginada a unos cuantos diputados en el parlamento, una cantidad de alcaldes municipales que pueden contarse con los dedos de una sola mano y aun sobran dedos, y un espíritu de lucha que está disperso en diversas agrupaciones sociales, populares o partidos políticos. Incluso hay quienes que llamándose de izquierda militan en partidos de derecha. Eso desde luego no incluye a quienes definitivamente traicionaron - si es que algún día lo fueron - su posición ideológica.

Pero referirse en esos términos a la situación de la izquierda, o izquierdas si lo prefieren, no es otra cosa que dibujar con palabras una penosa realidad. En el sistema democrático que estamos –y no sobra decir que es excluyente- las elecciones se han convertido en el instrumento perfecto y válido para medir una u otra tendencia ideológica. Esa claro está, es una muy conveniente versión de los grupos económicos –tradicionales o emergentes- y en esa lógica podríamos decir que los dos partidos de izquierda que participaron en las elecciones de 2003, carecen de la aceptación necesaria para conquistar el poder político o al menos parte de éste, cuando las agrupaciones participantes ni siquiera están pensando en esa conquista. Por ahora.

Lo que más parece preocupar, tanto a la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG como a la Alianza Nueva Nación, es conseguir los afiliados necesarios para poder mantener vigente su inscripción legal en el Tribunal Electoral. Paso seguido será la realización de sus respectivas asambleas para cumplir con requisitos legales. Es decir que sus acciones llevan el ritmo de la formalidad y legalidad, sin embargo, los retractores de la izquierda, están preocupados no solo en la parte formal de sus respectivas agrupaciones de derecha conservadora sino que hacen estrategias para consolidar sus posiciones de cara a las elecciones de 2007 y de paso, ir eliminando desde ya a sus posibles contrincantes más fuertes.

En ese marco es que hay que entender el torbellino propagandístico que se hizo contra Álvaro Colom anunciado candidato presidencial por su agrupación política Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, involucrado en un escándalo de corrupción luego que su partido recibiera dinero proveniente de fondos públicos para costear parte de la pasada campaña electoral donde quedó en un cómodo segundo puesto. Y para enojo de más de una familia del poder económico tradicional, Colom ha salido sin mayores dificultades legales de la acusación penal que sobre él pesaba, lo cual no significa que vayan a detenerse los ataques. Aquí el punto no es si éstas arremetidas son justificados o no, sino la acción política de los contendientes.

En cambio la situación para los partidos de izquierda –Colom no lo es- resulta menos problemática porque por ahora no constituyen ningún riesgo para la derecha dominante. Incluso ni siquiera hay necesidad de atacarlos porque solo entre ellos, URNG y ANN, se descalifican y atacan mutuamente en su mismo círculo. No obstante hay que observar que ésta amarga división puede estar dando giros en sentido contrario. Existe en el ambiente interno de cada una de esas agrupaciones cierta simpatía por la reconciliación y el trabajo conjunto, que salvo algunas excepciones, desde la dirigencia hasta los grupos de base han reconocido como una imperiosa necesidad. Y por lo prematuro del asunto no puede indicarse que se trata de una unificación, sino quizá en un primer plano, niveles primarios de coordinación y tal vez de alianzas, sobre la base de respetar sus respectivos espacios partidarios.

Y es que nadie puede discutir la urgente necesidad que tienen ambas agrupaciones de buscar alianzas, la habilidad e inteligencia de ambas agrupaciones se verá cuando definan con quién será esa unidad. La URNG realizó el pasado fin de semana un congreso cuyo propósito inicial era concretar algunas reformas, sin embargo el núcleo de su discusión fue la política de alianzas que se debe seguir. El caso de la ANN es un tanto más limitado definir algunas situaciones porque aun no existe ese espacio político que les permita discutir ese tipo de estrategias políticas donde puede incluirse las alianzas. Ello ha abierto el espacio para que cada día vaya acrecentándose la percepción de que su dirigencia está inclinándose por un acercamiento con la UNE, lo cual a simple vista parece una muy mala idea.

Y el resultado podría ser peor si ese acercamiento con matices de alianza, se hace sobra la base de que los revolucionarios que están en la ANN necesitan garantizar su instrumento político, igual que la URNG, que para este caso es el partido, y que esa garantía la encuentran en Álvaro Colom pues su partido tiene amplias posibilidades de triunfo electoral y por lo tanto de manera natural les permitiría sobrevivir más allá de las próximas elecciones. Es obvio que la función pragmática que tendría esa alianza conllevaría costos muy superiores a la ganancia –si se le puede llamar así- de mantener el partido.

En ese supuesto de alianzas en el que podría incluirse la URNG, seguramente la izquierda conseguiría un importante número de diputados, varias alcaldías y con un poco de esfuerzo niveles de participación en el Ejecutivo. Pero solo la mera especulación de eso resulta contraproducente, pues sobre la UNE y sobre Colom existen más desconfianzas que certezas. Resulta valido entonces hacer dos preguntas claves para el futuro de la izquierda revolucionaria: ¿cuánto tiempo podrían durar los diputados en la bancada si ésta llegase a ganar? Una semana, un mes, o un año si acaso. Y, ¿qué significado adopta la palabra ganar, en ese contexto?

En la preocupación por preservar el instrumento, ganar puede ser simple a través de la alianza con la derecha. Pero en la construcción de una Nueva Nación, ganar quizá adopte otros matices mucho más provechosos y, de cara a alas elecciones pueda significar posicionarse como una autentica agrupación de izquierda. La alianza en todo caso tendrá que ser por identificación ideológica, por química de izquierda y no compuestos de derecha financiada por el capital tradicional explotador o bien por la clase económica emergente producto de mafias y crimen organizado.

Más alentador y en concordancia con el resto de izquierdas en América Latina, sería la construcción de un frente amplio en el que no solo estén incluidos los dos partidos claramente definidos de izquierda sino aquellas agrupaciones de corte democrático verdadero y no de fachada. Los acercamientos entre la URNG y la ANN es algo que ya ha tardado mucho. Es comprensible que se trata de un proceso, pero ¿cuánto tiempo más debe esperar el país?

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 820 - 210905


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