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Nuevo pulso entre ministra y maestros
Por Erwin Pérez - Guatemala, 9 de enero de 2007

La incertidumbre se apoderó ayer de miles de padres y madres de familia, quienes con más angustias que esperanzas llevaron a sus hijos a las escuelas e institutos públicos del país. Nadie podía asegurarles a primeras horas si el ciclo escolar daría inicio tal y como lo tenía planificado el Ministerio de Educación o si por el contrario, los maestros cumplirían su agenda establecida desde noviembre, cuando programaron sesiones y asambleas magisteriales para ayer mismo.

En Guatemala el ciclo escolar inicia en enero y concluye en octubre. Se acostumbra que el primer día de clases ocurra a mediados de enero, sin embargo este año la ministra de Educación, María del Carmen Aceña, decidió que las clases dieran comienzo el primer lunes hábil. Los motivos para tomar tal decisión obedecen a razones altamente comprensibles y practicas, que en esencia no debieran causar ningún tipo de problema, pero acá se han convertido en asunto de primera plana en los diarios.

De acuerdo con la ministra el ciclo lectivo 2007 comenzó más temprano porque en septiembre, por ser un año de elecciones generales, el Tribunal Supremo Electoral, requiere utilizar los centros educativos como centros de votación y, considerando que las elecciones están previstas para el primer domingo de septiembre, la determinación del Ministerio de Educación fue cambiar las fechas de inicio y vacaciones intermedias del año escolar.

A simple vista puede verse que se trata de un asunto meramente operativo, con el cual todos y todas deberíamos estar de acuerdo. Sin embargo algo que parece simple no lo es. En primer lugar porque la logística necesaria para iniciar las clases no está preparada. Muchas escuelas aún están en la etapa de inscripción de alumnos, organización de papelería administrativa o bien, el propio Ministerio programó, cursos de capacitación para los maestros. De modo que no existen condiciones para dar inicio a las clases.

Pero sí a pesar de ello se insiste en continuar con el modificado calendario escolar, hay otros tropiezos con los cuales se encuentran los padres de familia. Éstos se enfrentan con el problema económico para cumplir con las necesidades de sus hijos. En muchos hogares no se cuenta, en estos primeros días del año, con el dinero suficiente para la compra de cuadernos, libros de texto, uniformes y el pago de la matricula escolar. Una gran parte de los padres de familia trabajan en entidades del Estado, en las cuales les entregan la segunda mitad de su aguinaldo el 15 de enero, y es el dinero que utilizan para cubrir la inversión en educación. Es oportuno recordar que la educación pública en Guatemala no es gratis, es mucho más barata que la educación privada, pero nunca es gratuita aunque así lo diga la ley.

Por ejemplo, en la propaganda oficial que el gobierno ha lanzado en los medios, habla el Presidente Berger informando de la adquisición de computadoras para las escuelas y lo anuncia como un logro importante. Pero nunca dice que a los padres se les obliga a dar una “contribución” de Q280 por alumno para que éste pueda hacer uso del equipo. Si a ello sumamos, el costo del uniforme, zapatos, vestuario para deportes, la compra de libros y el pago por matricula, concluimos que la educación en nuestro país es elevada en precio. Y es de mencionar que en una familia promedio guatemalteca –particularmente en el área rural- hay entre cinco y seis niños o niñas en edad escolar.

Con cierta ironía podríamos decir que las carreras, préstamos económicos y angustias en que ha puesto la ministra y el TSE a las familias guatemaltecas es el costo de la democracia. Con la misma ironía podemos creer que estas apresuradas actividades escolares de hoy son un sacrificio válido para conseguir en septiembre, elecciones más ordenadas, accesibles y transparentes. O pensar que, después de todo, solo es una semana lo que en realidad se modificó del calendario escolar.

No obstante, la situación también tiene otros componentes que hacen pensar en que las autoridades tanto de educación como las electorales carecen de la capacidad hasta para organizar algo tan simple y operativo como el inicio de clases. En el ámbito político por ejemplo, no deja de causar rechazo la actitud de la ministra Aceña, quien sabiendo con dos mese de anticipación de las asambleas magisteriales haya mantenido su idea de alterar el calendario escolar, sin mayor consulta, más pareciera que es otra acción caprichosa de la funcionaria, quien con enorme desatino se pone a medir fuerzas con el magisterio nacional. Porque, quiérase o no, la incertidumbre de ayer en las escuelas conllevó a que los padres pensarán en quién ganaría esta vez el pulso: la ministra con su inicio de clases o, los maestros con sus asambleas.

Así, para aumentar el morbo que despierta esta situación, la prensa local publica titulares encontrados: mientras que elPeriódico dice que el 70% de escuelas cumplió el mandato ministerial, en Prensa Libre se observa que solo en 3 de los 22 departamentos del país se trabajó “con normalidad”.

La ministra, quien por cierto continúa caprichosamente en el puesto, (a causa del presidente Berger) ya que el Congreso le dio el año anterior un voto de falta de confianza, pareciera empeñada en seguir en pugna con el magisterio. En tanto que este gremio, no da respiro y ha anunciado que podría iniciar una serie de manifestaciones en demanda de mejores condiciones laborales. Estamos pues, ante un nuevo pulso entre ministra y maestros.

Fuera del escenario educativo, causa malestar que el Tribunal Electoral requiera por tanto tiempo (dos semanas) los centros educativos para realizar las elecciones, cuando en cada centro lo que se utilizan son los corredores para instalar las mesas de votación, las cuales son muy fácil de instalar y desinstalar. Es decir, un evento electoral no debiera en términos operativos alterar el curso normal de las clases escolares, si acaso uno o dos días. Alguien con amor hacia los magistrados electorales podría alegar que se necesita inspeccionar los centros antes de las elecciones y garantizar el suministro de energía, agua, servicios sanitarios y condiciones de seguridad, pero aun así, ¿pero, es necesario suspender tanto tiempo las clases?

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1116


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