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De informes y errores
Por Erwin Pérez - Guatemala, 15 de enero de 2007

Óscar Berger ha cumplido tres de los cuatro años que le corresponden al frente del gobierno, presentando un informe de la manera menos usual: por televisión y sin acudir al Congreso de la República. La decisión de Berger fue enviar a su Secretaria de Comunicación con el informe, quien sin mayor incomodidad expresó que la Constitución obliga al Ejecutivo a presentar un informe, pero no obliga al Presidente a entregarlo personalmente. Una muy acomodada excusa para disuadir las razonables críticas que ahora pesan sobre el mandatario luego de inasistir al congreso.

No cabe la menor duda que la incomparecencia de Óscar Berger al pleno del Legislativo obedece a una muy clara decisión política, porque de otra forma no tiene sentido que el mandatario se haya quedado en la casa presidencial cuando su informe expresa con abundante retórica un mejoramiento del país. El gobierno indica que en los últimos tres años se han recuperado las instituciones del Estados; se ha fortalecido el área social para beneficio de los y las guatemaltecas; que la precariedad económica se ha mejorado al grado que hay un crecimiento económico superior al 4.5%, lo cual se ha visto estimulado, dice el, por la enorme labor de las autoridades.

De acuerdo con el gobierno, la recaudación tributaria es una de las mejores en mucho tiempo, superando la cifra de Q26 mil millones recaudados en 2006. Además se ha implementado el proyecto de “Puerto Seguro”, con el cual la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), tomó el control de los puertos y aduanas; a ellos se suma el trabajo que, en conjunto, ha hecho el gobierno para transparentar el uso de los recursos públicos. En tanto que en rubros como educación y salud, el gobierno dibuja en su informe logros que hacen pensar que en Guatemala de verdad “seguimos adelante”. De manera menos creíble pero bastante bien maquillado, el informe presidencial indica que la seguridad ciudadana se ha fortalecido con la compra de equipo y la contratación de más agentes de la policía.

Durante el extenso discurso que el mandatario dio por televisión, acompañado de bondadosas imágenes del trabajo realizado por el gobierno, al mandatario se le notó muy tranquilo y satisfecho. Es más, si a ello sumamos que las encuestas de opinión le otorgan un tranquilizador 50% de aceptación entre la población, es razonable preguntarse, ¿por qué no acudió al Congreso a mostrar el buen trabajo que ha realizado? La primera respuesta que surge es que su incomparecencia obedece a que cada logro expresado en el informe tiene un pero…

Ayer por la mañana, día en que el mandatario debió acudir al parlamento, un grupo de maestros y sindicalistas protagonizaron una manifestación cuyo propósito era impedir que el presidente diera su informe. Con el fin de que los manifestantes no lograran su cometido, la policía desplegó un enorme dispositivo en, por lo menos, dos calles a la redonda del palacio Legislativo; hubo cercos policiales, patrullajes a pie y en auto, equipo antidisturbios y agentes de la seguridad presidencial, en fin, la seguridad del Presidente estaba garantizada.

No obstante, un día antes, la Secretaría de Comunicación de la Presidencia, informó que el Presidente no acudiría al Congreso. Es de suponer que esa decisión estaba tomada con suficiente tiempo de antelación y que ésta en ningún momento obedece a las anunciadas manifestaciones de sindicalistas y maestros quienes, dicho sea de paso, fueron víctimas de agresiones y disparos de caucho por parte de las fuerzas policiales.

Es de entender que el mandatario en realidad no les temía a los trabajadores enardecidos en el frente del palacio legislativo. Quizá su mayor temor eran los diputados y lo que podía ocurrir adentro del parlamento. Y es que el partido gobernante ya no tiene el respaldo necesario para defender al gobernante en el Congreso. La correlación de fuerzas es adversa al Presidente y sus temores lo orillaron a desistir de visitar el parlamento.

La equivocación presidencial demuestra dos niveles de incapacidad en el seno del partido gobernante. Un primer nivel lo observamos en el propio Congreso, donde la bancada oficial careció de habilidad para conseguir en los diputados de oposición la garantía que el Presidente podía dar su discurso sin recibir críticas abiertas o abucheos en un Congreso que ahora está fuera de su control. En un segundo nivel, observamos a un Presidente carente de audacia y de visión, ya que cualquiera en su situación, podría haber previsto que durante este último año de gobierno lo que más necesita es tender puentes de entendimiento y consenso con la oposición y no lo que él hizo: distanciarse de los bloques parlamentarios.

Así, de ahora en adelante, el gobierno tiene una tarea adicional: intentar convivir durante un año electoral, con una oposición desesperada por ocupar más poder, y para lograr sobrevivir la primera tarea será recuperar niveles mínimos de interlocución con el resto de partidos políticos, lo cual será indispensable para alcanzar acuerdos básicos para el impulso de leyes, especialmente aquellas que están pendientes en el área de seguridad. De no existir acuerdos, los guatemaltecos presenciaremos fuertes tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo, y al final un gobierno sumamente debilitado y un partido político, la GANA, condenado a la marginalidad.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1120


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