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El BID en Guatemala
Por Erwin Pérez - Guatemala, 22 de marzo de 2007

Tanto América Latina como la propia Guatemala han mantenido en los últimos cuatro años un crecimiento económico. En algunos países ha sido con mayor auge, en tanto que otros hemos sido más modestos. En promedio es 4.3%. Pero en ninguno de los casos, el crecimiento ha sido lo suficientemente bondadoso para reducir significativamente la pobreza o la extrema pobreza.

Varios elementos se conjugan para mantener a la región en un espacio vicioso de hambre y marginación. Aspectos políticos, ideológicos y de transparencia son claves para mantener en penurias a millones de familias sin acceso a una vida digna. Pero también tienen enorme responsabilidad las políticas económicas que desde el consenso de Washington se implementaron con mayor o menor dureza en determinados países. Guatemala pertenece a esos países donde la distribución de las riquezas, que produce el país y su gente, son distribuidas en forma gravemente desigual; con un Estado alarmantemente pobre; sin fondos suficientes para la educación, y con crisis hospitalarias cada año a causa de la escasez de medicamentos, suministros y equipo en los hospitales públicos.

Con una realidad económica tan triste, resulta alentador escuchar las numerosas palabras de aliento, promesas y ofrecimientos que desde el exterior llegan a nuestro territorio. Sólo así puede comprenderse la enorme ingenuidad con que miles de guatemaltecos y guatemaltecas, anhelaron con la visita del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, -la semana pasada-, una garantía de que nuestros compatriotas que trabajan indocumentados en EEUU, pudieran permanecer allá sin ser perseguidos. Tras la visita de Bush, la realidad no ha cambiado y el peligro es permanente para los guatemaltecos que trabajan y pagan impuestos en EEUU.

Eso era algo que el gobierno guatemalteco tenía muy claro. Sin embargo las aspiraciones oficiales se centraron en un evento de mucha mayor importancia estratégica: la 48 asamblea de Gobernadores del Banco interamericano de Desarrollo, BID, concluida ayer en nuestro Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias.

Durante cinco días estuvieron en Guatemala representantes de unos 60 países, ministros de Finanzas, presidentes de la banca central de varias naciones y, para el momento culminante del cierre, asistieron los presidentes de El Salvador, Honduras y la presidenta de Chile. Asimismo el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Miguel Insulza. En total fueron cerca de 4500 participantes, entre banqueros, empresarios y unos 400 periodistas internacionales que siguieron de cerca el evento.

La intención del gobierno era conseguir que Guatemala se incluyera dentro de los países que podrían producir biocombustibles en un futuro inmediato; también aspiraba a obtener el financiamiento para hacer estudios de factibilidad para instalar pequeñas y medianas hidroeléctricas y, porque no decirlo, aspiraba a conseguir la condonación de la deuda.

En el caso del biocombustible, el gobierno de Alemania seleccionó a Guatemala como país piloto para la creación de un mercado de etanol y biodiesel; para las hidro eléctricas, el BID otorgó un financiamiento de US$400 mil para realizar los estudios de falibilidad y, la aspiración de una condonación de la deuda no llegó a concretarse porque el país no cumple los requisitos. Sin embargo, el gobierno ha expresado una enorme satisfacción porque a cambio de la deuda se obtuvo el ofrecimiento de que el BID proporcione préstamos anuales con un interés blando. Guatemala paga actualmente una tasa de 6% y los próximos préstamos que se hagan sobre montos de US$100 millones podrían gozar de una tasa de hasta 4.5%.

Para el futuro más cercano, el Gobierno espera asegurar el préstamo por US$110 millones que gestiona ante el BID y que estarán destinados al Programa de Fortalecimiento a la Red Hospitalaria (US$50 millones), Programa de Justicia ($30 millones) y Programa de Desarrollo en Petén (US$30 millones). De momento, el país ya tiene entre su bolsillo US$40 millones para capitalizar al Banco de Desarrollo Rural, Banrural (que además recibirá más dinero de Citigroup); US$10 millones para el Banco Agromercantil para apoyar las exportaciones; 100 estufas para igual numero de familias indígenas; programas que permitan a los jóvenes acceso a créditos para montar sus propias empresas; y como parte de Centroamérica también podrá tener acceso a US$1.2 millones para la innovación tecnológica, acceso a un programa de desnutrición infantil.

Los resultados positivos para el país podrían ir más allá de lo oficialmente expresado, pues se sabe que hay cierto interés de empresarios de invertir en Centroamérica y particularmente Guatemala, lo cual resulta alentador. Sin embargo, el panorama que hemos dibujado luego de concluida la 48 asamblea del BID, estaría incompleto si nos quedamos sólo en nuestro pequeño territorio y no observamos los aspectos regionales. O la dinámica internacional sobre la cual se desarrollo la asamblea.

En ese sentido es ineludible hacer mención al fuerte e influyente interés de Venezuela por construir un banco sudamericano (Banco del Sur). Que si bien no pretende desplazar al BID, si contribuiría enormemente a presionar las tasas de interés hacia la baja, por cuanto los países tendrían más de una opción bancaria para sus préstamos, con el ingrediente adicional de la integración latinoamericana. Además hay que recordar que el 30% de las acciones del BID pertenecen a los Estados Unidos. Pero además, las aspiraciones de que Guatemala produzca biocombustibles, podría verse afectada con la instalación en Nicaragua de una refinería, anunciada oficialmente ya por Venezuela.

En ese mismo contexto internacional hay que apreciar el crecimiento e influencia de China en la región, particularmente en Venezuela, Chile, Argentina y Cuba. China ha sostenido en los últimos años un plan de introducción en América Latina que ha resultado bastante exitoso para su política de expansión, con su fuerte demanda de materias primas. China ha iniciado fin las negociaciones para adquirir 0,04% de las acciones del BID, 14 años después de haber hecho su primera solicitud y haber sido obligada a esperar que Estados Unidos levantara su oposición.

La realidad mundial y el fracaso de las políticas de ajuste estructural han obligado al BID a cambiar su política prestamista a una de mayor participación en el desarrollo y en el combate a la pobreza, al menos así lo expresan abiertamente, aunque en la practica la participación se limita a brindar los préstamos. El punto más álgido de esos cambios puede apreciarse en la condonación de la deuda por US$ 3 mil 400 millones a Honduras, Haití, Guyana, Nicaragua y Bolivia. Pese a ello, la presión que ejerce la pobreza en millones de familias debería ser motivos suficiente para que los organismos financieros realicen esfuerzos para que el crecimiento económico de los países redunde en beneficios para todos.

Para que exista una distribución equitativa, de lo contrario, permanecerá la concentración de riqueza en pocas manos y con ello seguirá latente en el continente la explosión social y la influencia del crimen organizado en los Estados pobres.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1167 - 210307


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