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Visión de País, ¿un nuevo fracaso?
Por Erwin Pérez - Guatemala, 5 de mayo de 2007

El gran poder económico guatemalteco parece empeñado en impulsar un plan que, si nos atenemos a las iniciativas de ley que produjo, hasta ahora no se concreta en ningún aspecto humano. Aunque de manera formal proyecta la necesidad de mejorar los servicios de salud, educación, seguridad y desarrollo rural, en la realidad las posibilidades económicas y de todo tipo, de las familias pobres para acceder a estos servicios no se adaptan a la circunstancia social y económica desigual que caracteriza a nuestro país.

La equivocada y muy limitada capacidad del poder económico para entender a su propio país, le hace caer en errores de manera constante. De poco o nada les ha servido tener todas las ventajas para enriquecerse a costas del pueblo, porque no lo han sabido entender y a varios sólo les ha sido útil para explotarlo de la manera más vergonzosa. Los métodos han ido variando desde la época colonial hasta nuestros días. Ante su dramática falta de capacidad de visión estratégica, resulta imposible reconocer a cualquiera de sus planes, como una visión integral para nuestra nación.

Puede ser, como algunos ingenuos dicen, que el fracaso de algunos planes nacidos en cuna burguesa fracasen por el alto grado de prejuicio que existe contra la élite económica nacional. Sin embargo las recurrentes formas equívocas con las que han pretendido conducir a Guatemala, dejan por un lado el argumento de los prejuicios y colocan a la experiencia como base principal para desconfiar de todo aquello que provenga de la oligarquía.

Al delicado momento que vive Guatemala se le adhiere la carga histórica. Más de 400 años de dominación con el poder –económico y político permanentemente- y sin conseguir que el país sea prospero, o tan siquiera menos pobre, confirma lo equivocado que ha sido para nuestro país –para ellos desde luego no es lo mismo- el sistema de sobreexplotación que han caracterizado las distintas etapas de nuestra historia.

Es decir que pese a los obligados cambios en las relaciones de producción que la clase dominante ha tenido que hacer, se ha provisto siempre de mecanismos legales o ilegales para continuar y reproducir sistemas que garanticen su status quo, sobre la base de la explotación, pero que además les provea de herramientas legales, económicas o de mercado para aplastar cualquier intento por cambiar las circunstancias.

Nos encontramos entonces ante una clase, muy reducida pero poderosa, que por las buenas o por las malas siempre ha mantenido al resto de la sociedad del país subordinada a sus intereses, llegando incluso a ignorar elementos básicos de subsistencia que necesita la población de una nación para sobrevivir como tal. Lo conservador de su pensamiento hace que la élite económica se resista a aceptar cambios profundos en el país, particularmente en la estructura económica y en las relaciones de poder.

En ese contexto debe comprenderse por qué tuvo tanta resistencia a los acuerdos de paz. Y por qué ahora haciendo uso de su poder económico y político, arrinconan a los partidos políticos para que se embarquen en un plan que contiene la visión que ellos, los oligarcas, tienen de lo que debería ser el país. Presentan una línea de desarrollo nacional que llevará 20 años, al final de los cuales tendremos, mejor educación, buena salud, gozaremos de seguridad y disfrutaremos de desarrollo rural sostenible.

El Plan Visión de País que el gran poder económico pagó es una excelente herramienta de maquillaje para cubrir las autenticas circunstancias de pobreza y marginación en que tienen sometido al país; otra cosa sería si demostraran su voluntad a favor del desarrollo, simplemente pagando los impuestos que debieran. El compromiso de respaldo a este plan que firmaron algunos partidos políticos sólo puede entenderse en el marco de lo que es políticamente correcto, pero no necesariamente lo más saludable.

El Plan Visión de País es un nuevo fracaso de la élite económica, por varias razones: Padece de ausencia real de consensos con los sectores que están involucrados con los cuatro temas propuestos. En Educación, la propuesta carece de la participación de los maestros. Cuando éstos dieron su opinión, fue contundente para dejar en el archivo de los recuerdos la Ley Marco de educación que impulsó el Plan. En el eje de la seguridad, la elaboración de la propuesta fue confiada a un publicista que a pesar de haber sido ministro de Gobernación durante todo el Gobierno de Álvaro Arzú, desconoce de aspectos técnicos del tema; el resultado es que la misma Comisión Visión de País, del Congreso de la República no la utilizó como base para la elaboración de la Ley Marco del Sistema Nacional de Seguridad.

La conclusión de la propuesta es que debe recogerse la Seguridad Nacional, como elemento principal de la seguridad ciudadana. No contempla controles ciudadanos y los que hay los desnaturaliza porque pretende convertir al CAS en una dependencia gubernamental. Por ello es comprensible que la propuesta que se discute es la elaborada en el Foro de los Partidos Políticos y no la de Visión de País.

El eje de salud también tiene sus enfermedades de nacimiento. El Colegio de Médicos ha anunciado que se hará una revisión exhaustiva de la propuesta porque se han apreciado vacíos de forma y fondo que hacen inviable la iniciativa así como está; se ha adelantado que se dirige a favorecer la privatización de servicios de salud.

La imagen bondadosa que el gran poder económico pretende exhibir con su plan, se desborona cuando en su contenido excluye, de forma deliberada, la revisión de la estructura de recaudación fiscal. Ni siquiera tuvieron el decoro de poner sobre la mesa la discusión.

Los grupos sociales que se han opuesto a esta propuesta de corte neoliberal para el país, hasta el momento han sido los maestros, médicos y salubristas. Pero no sería extraño que cuando llegue el momento los campesinos también muestren su desacuerdo con la parte correspondiente al desarrollo rural. Mientras que en el rubro la salud la batalla fue perdida por los ponentes desde su inicio.

Y es que para un pueblo que a diario debe enfrentarse con la tragedia de no tener ni para comer o para pagar la renta, ya sea de la tierra donde se cultiva o de la habitación donde se sobrevive, insulta que productores de miseria sean quienes pretendan definir el camino que el país debe seguir, cuando –como ya dijimos- la experiencia histórica demuestra que sólo han visto el derecho de su nariz y la bonanza en sus bolsillos. Así, respecto al Plan Visión de País es válido preguntarse: ¿el país de quién?, ¿la visión de quién?

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1193 - 040507


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